Observaciones sobre los chóferes de combi de transporte público en Morelia.

Cuando se tiene la desgracia de abordar una.

Era la única manera de regresar al centro a tiempo. Pero juro que no quería hacerlo. No quería subirme. Lo juro por la sagrada biblia. Bueno, por el elefante Melvín, Iván el tucán, el tigre Toño y el gallo Cornelio; porque dicen que hay que jurar por algo en lo uno crea. Por el vaquero de los Corn pops no, porque nunca he sabido cómo se llama. En esta reiterada experiencia –porque varias veces he tenido que malgastar mis siete pesos de pasaje en esos viajes semi mortales y odoríferos saqué observaciones míticas de los chóferes de esos transportes:

Si un varón se sube al vehículo sin que haya asientos, el chófer no le dice nada. Lo deja a su suerte, encomendado a alguna agarradera excepcional en las frenadas. Pero si es una fémina la que aborda y el vehículo va lleno, entonces el chófer le dice que adelante hay asiento, y misteriosa y sorprendentemente habilita uno donde antes sólo estaba la refresquera. Muy cerca, casi pegadito al conductor, cabe decirlo, que roza la pierna de la dama que entre sus extremidades inferiores soporta el meneo de la palanca de velocidades. No me digáis que eso es excitante.

Les agrada dar monedas como cambio, y lo hacen hasta con dolo. Pero les enfada que uno se vengue pagándoles con puras de a cincuenta centavos. Para eso, se cambia antes de abordar la combi.

Les piden que paren pasando el puente, la calle o el río, y se paran antes. Sólo les falta, con una palanca mágica, inclinar el vehículo para bajar así el pasaje donde ellos quieren.

Pero si les piden que los bajen antes del cruce, los bajan después.

Les tocan el timbre y preguntan muy desentendidos “¿En la parada?” Claro; sí para eso, para bajarse en la parada, es que se pide al usuario que toque el timbre.

Se paran, como promocionando un anuncio de frenado de llantas, donde les piden la parada, pese a que piden, se les solicite con anticipación. Y se paran donde no es.

Pero si alguien les dice Bajan, contestan que allí no es parada. Que se espere el usuario a que se llegue a la parada.

Mas si alguien se las hace, se paran al instante, aunque no sea parada.

(Sin embargo) llevan un letrero donde indican que las subidas y bajadas son en las zonas marcadas para eso, que no causen una multa al chófer. Y qué diablos me importa a mí si lo multan. Yo ya me bajé y sigo mi camino. Además, si no quieren que se les bajen donde no se debe, que mantengan cerrada la puerta. Así, tampoco se les va a subir nadie donde no debe. Y los que suben así, ni culpa porque el letrero lo llevan en el interior y desde afuera no se ve. Es más, ni se sabe que existe el tal letrero.

Si sube una sola persona y les da justo lo del pasaje, inocentemente preguntan “¿Cuántos?” No os cuento cómo se ponen si uno les responde “¿Para cuantos alcanza?”

Se paran a media avenida y piden que nadie se vaya a bajar, pero llevan la puerta abierta y no les hacen caso.

¿Algo más?

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