Panóptico. 50

El hijab toma la polémica del burkini…Los australianos con la bandera malaya en las nalgas y muchachas…Espera por el Nobel de literatura…La expectativa que se tiene del habitante de Morelia…La negociación para salir de la cárcel allí.

Desde el lado inverso.

La mañana (moreliana) trajo el siguiente capítulo de las vejaciones por prendas femeninas. The Washington Post publicó que la estrella del ajedrez mundial, Nazi Paikidizi cancelaría su participación en el Mundial en febrero, porque el país sede exige a las mujeres, aun a las visitantes, el uso del hijab. Miles de aliadas ha encontrado en su iniciativa, relatada también mediante una nota en Instagram, de libertad para las mujeres, porque considera el velo como un medio de opresión para la mujer. En Irán, se lee en la nota, hay campaña contra el ordenamiento de usar el velo, y aunque Paikidizi mantiene su postura de no acudir al Campeonato como medida de boicot, también dice que el torneo “es más que un evento; es una lucha por los derechos de las mujeres.”

Así, no se comprende del todo la decisión de Nazi, nombre tan contrario a los ideales que persigue como esta situación, que entonces debería estar allí, defendiendo esos derechos. No obstante, el riesgo de desafiar una ley gravada en tablas, en su sede es grande, pero el deporte –para los que no consideren el ajedrez un juego de ciencia- vuelve a tomar la oportunidad de sublimar los conflictos humanos. No pudo hacerlo con los Juegos olímpicos de Río, y en Irán la ocasión de una vitrina mundial para denunciar definitivamente la restricción de derechos femeninos, se antoja imperdible.

La continuación del capítulo con el burkini es inevitable. Con este la protesta masiva consiguió abolir la prohibición a algo que, al contrario del hijab, expresa libertad. En una columna en El país, Almudena Grandes mostraba su oposición al velo islámico “porque es, precisamente, una prenda laica, sin otro objeto que convertir a las mujeres en propiedades de los hombres, pregonando su falta de autoridad sobre su propio cuerpo.”

Esa autoridad, sobre la cabeza y el rostro, es lo que buscan mujeres como Paikidzi, que sobre un tablero social, pretenden, con un sólo movimiento de jaque, abolir una tradición centenaria, para cuya alteración en un instante, se desconoce el efecto que pudiera tener al entregar una libertad de la que muchas mujeres han carecido durante generaciones.

¿Por qué a ellos sí y a ellas no?

El conservadurismo de los países bajo tutela árabe no medita condenar lo que va en contra de sus comportamientos tradicionales. De inmediato The Daily Telegraph de Australia, y South China Morning Post, difundieron la nota de los nueve australianos detenidos en Malasia por ponerse bikinis con la bandera de ese país. El gobierno de su país, se reservó tomar la defensa. Ya mucho temor guardan sobre las réplicas de los árabes allá. Hace horas, fueron liberados tras pasar por la corte, de donde podían haber tomado rumbo hacia el cadalso.

Uno de los enlaces de yutub que trasmite fútbol, pone mensajes de espera con mujeres desnudas, que están de espalda y cada cual tiene en sus nalgas pintada la bandera de un país. Varias culturas están en esas nalgas. Al buscar la imagen en internet, se encontró sólo en una red social de un país cercano a aquellos lares. Después, en una página con la leyenda “another set of wallpapers probably you won’t use”. No se puede entrar al sitio para conocer la razón de por qué no los usaría alguien.

La imagen ya se extiende en internet. ¿Habrá alguna queja de parte de un mandatario que sienta que se ofendió a su nación? Las chicas están de buen ver y tentar, faltó decir.

Una semana de espera.

Y hoy faltó decir el nombre del Nobel que tocaba. El lunes comenzó la lista de recipiendarios. El de literatura, uno de los más esperados, se pospuso hasta el día 13. La Nación da versión oficial del retraso: “La razón es muy simple: de acuerdo a los estatutos, debemos reunirnos por cuatro jueves consecutivos empezando el penúltimo jueves de septiembre antes de anunciar al laureado, y este año ha caído inusualmente tarde”, declaró a los medios Per Erik Wästberg, uno de los 18 miembros de la Academia Sueca.

Pero no evita aclarar que no hay acuerdo entre los votantes, y nombra a los favoritos, aunque en años recientes las previsiones han fallado: Haruki Murakami, Ali Ahmad Said Esber, Ngugi wa Thiong’o, Don DeLillo, Philip Roth, Joyce Carol Oates, Salman Rushdie, Amos Oz, Ismail Kadare y Milan Kundera.

El enemigo virtual.

Pasados los días de operativos por concurrencia masiva al centro, las rondas de unidades policiales, y algunas ocasiones de militares, se inscribieron en la rutina de la zona en busca de candidatos locales. De otro tipo. Parejas de vehículos, que totalizan casi diez policías, son la propuesta de la imagen y versión oficial de una ciudad en paz, donde no pasa nada. Y en el centro, sucede. Salvo los asaltos a comercios, y cualquier vicisitud callejera, cosas nada anormales, la justificación de contar con esos elementos, está excedida. Para cosas tan simples, rifles de mediano poder, apuntando a veces sobre la ciudadanía, son una presencia para justificar el llenado de cuerpos policiales con gente sin otra ocupación. Qué buscan esos policías, se pensó en otra columna. El ciudadano común, el que conserva su anonimato, se ha convertido en el blanco de las sospechas. Los controles de paso al cuadro principal en eventos masivos, se relató durante las celebraciones de septiembre, se dieron sólo cuando hubo presencia de funcionarios mayores. Retirados o ausentes estos, el pase quedó como cada día, libre, sin revisiones, y sale la contrariedad de que si en esos días se temía por un acto proveniente desde aquel anonimato, retirados los controles de seguridad, se estreche la vigilancia en un espacio tan abierto como es el centro, casi en marca personal, de la patrulla al peatón, cuando el peligro puede estar en cualquier esquina o rincón. Eso, si es que se trata de vigilancia o sólo de paseo, de justificación de empleo de federales que tienen el centro de Morelia como un espacio relajado, donde no se exponen a nada, y hasta caminan notándose sólo por su uniforme, para involucrarse con la práctica del habitante de la conversación en la esquina, la plática sentados en una banca, la auto fotografía y la compra en tiendas departamentales o comercios pequeños.

Esa es la imagen de la ciudad segura, donde nunca pasa nada, y los encargados de cuidar, se integran entre la gente, para hacer la labor de desempleados o vagos sin nada que hacer más que presentarse a la caja de cobro cada quincena.

La cuenta no sale.

Por delante van los servidores públicos de bajo perfil. Los que son más anónimos que le habitante mismo, y tienen que hacer na matemática que no cuadra a la primera impresión. No hay negociación directa con los que ordenan secuestros e incendios de autobuses y toma de carreteras. Una mediadora acude y plantea: un detenido será liberado por cada cinco autobuses que se devuelvan. De acuerdo a cuentas periodísticas, noventa y cinco unidades fueron retenidas y dañadas en los días recientes, con saldo oficial de cuarenta y nueve detenidos. Fueron liberados bajo fianza, pero para dejarlos libres de cargos, habría que devolver ciento noventa y cinco unidades.

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