El Nobel de literatura 2016 y la aceptación de la literatura.

El premio habría sacado su último recurso para cumplir el reconocimiento de lo que pretendió su fundador, conciliando vertientes marginadas de la literatura.

Se necesita una personalidad excluyente para aclarar lo que es un concepto o una práctica. Uno de esos seres que surgen cada mucho tiempo en un campo humano, desde el que imponen su ideología sorteando delimitaciones de cualquier género. Parecía cuestión de aulas secundarias o preparatorias la determinación sobre el concepto de literatura. Relacionado sólo con las letras impresas, a las partituras musicales, las obras pictóricas e incluso los tratados científicos se les hacía inalcanzable el término, aunque comunicarán y transmitieran lo que la letra fantasiosa y metafórica puede lograr en el espíritu humano.

No se ve que vaya a suceder un cambio radical en los gustos. Unas personas continuarán acudiendo a las librerías en busca de la panacea para sus inquietudes metafísicas; otros, a la tiendas de discos o a las galerías donde se cuelgan cuadros. Lo que importa con la concesión del mayor premio de la literatura universal a Bob Dylan es que se rompieron los cánones empeñados en vender la literatura con una única y arbitraria forma.

Sólo un ser humano, de los que concilian lo particular con lo universal –lo que para Hegel era la cualidad del genio- excluyéndose de lo arquetípico, puede conseguir alterar una tradición. Dylan es, así, no ese arquetipo, sino un prototipo; la matriz de un acontecimiento que se impone sobre la cultura rutinaria. Él ya era acontecimiento con sus letras que los conocedores o no de ellas, pero comprendidas en una ojeada tras conocerse la decisión de la Academia, soltaron el chorro de tinta reconociendo en ellas un lenguaje que no rivaliza con los de la literatura convencional (convencional al menos hasta hoy) y sin embargo es parte de ella.

El presagio de un nombre insospechado estaba desde la posposición en la designación del recipiendario. Una semana más de cavilaciones y debates entre los dadores del premio. Señal de que lo novedoso o lo inesperado había entrado en el salón de votación. O estaba allí desde 1996, cuando el nombre de Dylan entró en el recinto, sin ser tomado con toda la seriedad por algunos.

Él llegó para romper la resistencia a la extensión de lo que se entiende por literatura, con el peligro que la irrupción de ese ser humano que conectará la consciencia de la cultura con los antecedentes más significativos de esta para darle dinámica y crear un modelo. El arquetipo nace de esta manera del prototipo.

Dylan no cabe en los libreros. No por falta de espacio ni por ser creador para otra estantería. No cabe porque no se le asocia con ellos ni en su parte escrita, la de la biografía que es para un estante diferente al que guarda lo que se continúa entendiendo por literatura.

El Nobel de literatura se vio muchas político. Por a quien se le dio y a quien se le negó. Con una edición como esta, ese debate no cesa. Se descubre un género ajeno a lo tradicional a cambio de silenciar con el impacto del Nobel, voces que por el escenario del premio tenían más derecho a ser escuchadas.

La irrupción llegó por una para la cual don Alfredo no concibió un escenario. A pesar de que con la disciplina que ejerce tiene la capacidad de expresar lo que los Nobel tradicionales. Al fin, Dylan también parte desde la letra escrita. La que no se lee, y que por  el contexto social que concede el Nobel de literatura incita a parafrasear al escritor que habló del Quijote: No necesito escuchar a Bob Dylan, ya me lo sé.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s