Panóptico. 52

Cuánto leen las mayores autoridades de Michoacán…El caos de los gabinetes…Permiso para la imprudencia…El rodar del mundo.

Qué muchachitos tan educados.

Esta nota se hizo en noviembre de 2008, y pone su vigencia a disposición con otros nombres.

La pregunta lo puso nervioso; al advertir que la grabadora no tenía intención de serle retirada sin recibir respuesta, el titular de la administración estatal dijo cuántos libros lee al año. Tras meditar un poco, mencionó  “yo creo que unos diez”. La siguiente pregunta fue sobre sus géneros preferidos, y su respuesta: “novela, fundamentalmente histórica y a veces los libros de moda.” Pero no supo responder cuáles lee actualmente: “Tengo varios. No sé si te pasa, pero cuando uno está grande lee varios libros al mismo tiempo y no los terminas de leer en un año.” Durante su campaña dice haber leído muchos periódicos y revistas, pero ningún libro completo, este hombre cuyo discurso de no hacía muchos minutos en el presidio de inauguración de una quermés relativa al caso, alentaba a fomentar el hábito por la lectura.

Otros miembros del presidio, tampoco profesan lo que dicen respecto a la lectura, aunque lo justifiquen por sus cargas de trabajo. Una persona, encargada de la universidad pública, dijo andar por estos días, en doce libros por año; los temas: “de todo (pero) prefiero la narrativa”. Quien es titular de una dependencia de educación,  al pedirle la misma respuesta, mencionó que anda en dos (de tres que se propuso),  pero fue la única persona de las encuestadas que recordó qué lee actualmente: Tina Modotti, “una novela que todo mundo conoce”, de Elena Poniatowska, además de andar bien involucrada con los cuentos de Óscar Wilde, por su hijo de dos años ocho meses. “Nos haría bien re leer, sobre con las crisis y demás, a Pito Pérez; los actores principales de la política en el estado necesitamos nuevamente nutrirnos de esas gotitas de filosofía, de conocimiento que nos ayuden a  buscar y diseñar mejores alternativas para los jóvenes”, fue su comentario principal.

El otro miembro del cuarteto del directorio de la quermés, antes de hacérsele el cuestionario al titular aquel, pidió que se le esperara para la entrevista porque tenía que acompañarlo; gozó con el cuestionario como oyente; no regresó, empero, para responderlo.

Más tarde, el encargado del ayuntamiento, quien no acudió el evento, recibió el mismo cuestionario. Su índice es de sólo dos libros por año; ahora lee La casa de Dostoievski, y durante su campaña confesó, con una sonrisa, haber leído “sólo  peticiones”.

Quien encabeza una comisión de cultura y quien también estuvo en el presidio, sí salió bravo: entre cuarenta y cincuenta libros lee por año, pero sólo unos quince por “jobi”;  los demás son por el trabajo. Prefiere la novela, y actualmente “no he tenido tanta oportunidad en este mes, salvo la preparación de las leyes, la constitución y la ley de cultura.”

…ya le diste tres y tu tiempo se acabó.

Por qué el recuerdo de esa nota. Porque la quermés se vuelve a organizar y a su cargo está una de los voces del compendio anterior. Una de las que dijo leer poco por las cargas de trabajo, pero un libro por mes quintuplica, y poco más, el promedio en el país.

Ser parte del gabinete estatal se ha convertido en una parranda. Desde 2008, los cambios antes de cumplirse el primer año del periodo de administración pública, han sido tantos como los nombramientos iniciales. Cerca de cuarenta se contaban en el inicio del comisariado –con el que taparon la falta de gobernador- en 2014, y en el global, incluyendo cargos de todos los calibres, alguien tenía más de doscientos en sus cuentas.

Con ocho se abrió la danza en el actual ejercicio. Con las administraciones modernas, todos reciben oportunidad. Unos para deshacer lo que su antecesor y no dar continuidad. Los más, por inutilidad, desastre y mala imagen en su gestión.

El defecto está en que quien les da el encargo los conoce bien, con las incapacidades y limitaciones que tienen, y consiente darles un turno en la piñata burocrática, que, lo sabe bien, pronto les quitará para que otros cobren su rato de fama en el escenario de cinismo que nunca se vio en Michoacán, al menos en niveles masivos, hasta antes del silgo.

Y está en el caso citado, una razón de la zozobra, con gente encomendada para funciones a las que no corresponde. Doce libros por año, por caso, para promover la lectura, es llegar a lo mismo. Y a contar lo que hagan los otros siete que estrenarán ventanilla de cobro.

Tomando clase entre los maestros.

No la han estrenado, hasta estos minutos, en la de un hospital, los pilotos de una carrera para la cual no se cerró el tramo principal de la Calle Real, donde se colocó la meta, y (se anotó lo mismo en una columna anterior) entre chóferes de transporte publico cafres y conductoras titubeantes, los bólidos transitaron, sin ser de ellos la responsabilidad por la ocupación de la pista.

Payasos, acoso, embarazada, y otra clase de muchachos.

En la proximidad del jalouin, los payasos tomaron el protagonismo. El temor iniciado en Estados Unidos, llegó hasta Australia, donde el viernes hubo preocupación por una reunión de esas criaturas en la sede, veintidós años atrás, de un asesinato. No se reportó continuidad de la nota…Sí de los acosos de Donald Trump, que ya metió al baile, con otra cinta, a un Bush, y bailada había quedado la niña de trece años embarazada por un don de más de treinta; el peor accidente que se recuerde en cierta región de Estados Unidos, se llevó vidas, y otras se salvaron –supuestamente- con la detención de jóvenes que habrían querido cometer un acto de terrorismo.

Ligas hacia The Washington Post y The Daily Telegraph, Australia.

 

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