Carlos Alberto Torres y el ideal del mito. Carlos Alberto Torres and the ideal of the myth.

La vigencia de un jugador por el modelo que dio a una posición, modelo que por irrepetible lo convierte en un deseo de mito.

Hay jugadores para los que el fallecimiento no es necesario para recordar o comenzar a medir su legado. Carlos Alberto Torres (Río de Janeiro, 17 julio 1944-25 octubre 2016) traspasó las fronteras de temporalidad del mito desde su actuación en la Copa del Mundo en 1970. En los seis encuentros que jugó en ella, sus únicos en el historial del campeonato, entregó a críticos y aficionados un ejercicio de lateral derecho escuela de la posición forjada por Brasil desde 1958, que quedó como inigualable.

Una escena de aquel torneo es trasmitida por crónicas y videos como concluyente. Pelé recibió el balón en tres cuartos de campo, sin receptor posible o aparente. La Perla Negra lo dominó y de súbito lo lanzó hacia un desierto por la derecha. Por allí apareció en tromba la figura de Carlos Alberto para acarrear el balón hasta el área y desprenderse de él con una recta que pasó en seco en la red italiana.

Era el 4-1 definitivo. El gol del adorno, pero Alberto siempre pregonó que todos se acordaban de ese gol entre los cinco marcados ese día. The Guardian lo clasificó la mejor anotación de todos los tiempos en 2009. El prototipo del lateral derecho creado con Djalma Santos en Brasil y con Jeno Buzánsky en la fabulosa Hungría de Gustab Sebes.

Se definió en estos apuntes al prototipo como el primer ejemplar de una virtud. A los subsiguientes, como arquetipos por la imitación del modelo, pero con Carlos Alberto se va más allá. Él estableció la versión del lateral derecho ideal. A Brasil, a su técnico del ’58. Vicente Feola, se atribuye la mayor fórmula de armonía y equidad tácticas en el siglo xix. La mayor también después de la WM, con el 4-2-4 que reposaba mucho su ataque en los laterales.

Djalma Santos, un lateral que duró a la Canarinha cuatro Copas del Mundo, había sido, tras Buzámsky -revelación en los cincuenta- el máximo exponente de la posición y la función que a esta se le asignó. Carlos Alberto desbordó el molde. El mito quedó superado como llenado de una forma vacía porque necesita reiterarse para preservar el habla de la cultura.

Con Paolo Maldini se vio la situación. El mito no se encuentra subordinado a reglas de lógica o de continuidad. Nace –se citó a Levy-Strauss- de una vez. Y se instituye en un tiempo determinado. Surge el símbolo, que se instituye como expresión de una época, y el mito que se empeña en arrebatar al símbolo su papel, y dar noción de sucesión.

Es lo ocurrido con Carlos Alberto. Con él, el mito, como lenguaje, tiene un tiempo revocable, que tiene su límite en la época de su origen. Con Torres para antes. En 1970, punto de partida para anhelar la reiteración de una figura que en 2016 reclama un reconocimiento que la fabricación de mitos, los del jugador ideal, instituidos arbitrariamente con delanteros, le niega.

Durante los siete años que el organismo rector del futbol mundial de apropió del balón de oro, fueron escasas las nominaciones a defensas. Sólo cuatro ediciones nombraron a un lateral derecho. Alves y Maicon en 2010; Alves en 2012 y Lahm en 2014. Puyol (2010) y Sergio Ramos (2014) habían pasado de la banda a centrales.

Se continúa hablando de Carlos Alberto como ejemplar de la posición, y las funciones de ataque que connota, pero la arbitrariedad en nominaciones para grandes premios individuales lo hace un signo contingente porque ante la presunta crítica que ordena las candidaturas no se ha reproducido en otros. Así es como el mite vive anclado en una época bien determinada. La de su engendramiento, y deja de ser mito para constituirse en símbolo por ser habla de un tiempo específico, desde el cual no se proyectan hacia el futuro las cualidades que connota.

Por eso Carlos Alberto propuso un ideal del mito. No el que se revivifica llenando formas vacías o se impone con aquella arbitrariedad. El mito, con él, busca su ideal en la reproducción fiel de sus cualidades, y eso, lo dicen la historia de los reconocimientos individuales y la memoria de quienes miran fútbol, no ha sido reproducido.

Muchos laterales derechos ayudaron a ganar las grandes competiciones continentales y mundiales de clubes y selecciones en los más recientes cuarenta y seis años. Muchos de ellos brasileños, sin que deje de evocarse la figura de Carlos Alberto y el gol en el estadio Azteca, al pensar en la posición.

En Torres el mito no es habla ni lenguaje histórico, pero expresa lo universal de manera onírica, porque este mito, como habla elegida por la historia para expresarse esta metafóricamente, no consigue morar más allá de su época porque desborda el molde y así adquiere su carácter de ideal. No por inalcanzable, sino por desear su reproducción en otros que lo encarnen con naturalidad.

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