Las inmanencias de la Superliga china. Immanence of the Chinese Super League.

El fútbol nunca estuvo preparado para conocer lo que resguardaba una muralla que, traspasada, postuló una de las mayores fuerzas económicas en la historia del deporte.

Desde hace veinte años, el fútbol de China ocupaba espacios notables en la prensa europea. Era el interés por un fútbol naciente desde el punto de vista deportivo sin pensar tanto en la sinergia con la empresa, como sucedía en esos años con ligas de Asia. Japón había sido un caso contundente; quizá inimaginable de repetir. Menos de ser superado. Malasia creó una premier league con apoyos empresariales, pero el mundo apenas de ocupaba del despertar del fútbol en Asia con la creación o renovación de ligas añejas, ocultas en geografías ignoradas por el profesionalismo.

Se pensaba en el fútbol. Sin atisbar el respaldo económico que podría tener. La Japan league era vista como un caso de la capacidad japonesa de explotar nombres y marcas, viendo se lejano un atentado contra los poderes europeos y sudamericanos.

Antecedentes de escándalo.

Transferencias de record, promedio de espectadores alto, corrupción arbitral, y esfuerzos por crear una liga competitiva, los habías en China en los noventa. Eran los días de Hao Haidong, un jugador por el que Peñarol ofreció ciento sesenta y cinco mil libras esterlinas y salario de mi seiscientas al mes. Una regulación china prohibía a un jugador menor de 28 años abandonar el país para mantener el talento joven en casa. Además, Hao servía en la milicia. Eso fue otro impedimento para su salida. Para la liga 1997, Dalian lo contrató por ciento setenta y dos mil libras esterlinas pro falló en las pruebas físicas que se exigían.

Las cifras (anotadas en conversión a la moneda del país de las fuentes) constituyeron una marca en las transferencias de la liga fundada en 1994. Para esto, se hizo una excepción a la ley que prohibía publicitar el tabaco en el país, porque una empresa tabacalera ofreció el dinero para la fundación de la liga que reemplazó a competencias que por décadas no motivaron interés en el público.

Un informe de Don Balón mencionó promedio de asistencia a los partidos de la liga de veintidós mil, y algunos partidos con sesenta mil. En 2015, en la versión superliga, promediaba lo mismo, siendo la cuarta liga en ese apartado en el mundo.

Todo eso se conocía de la Superliga en la segunda década del siglo xxi, cuando la liga había pasado su décima edición en su más reciente era (iniciada en 2004 cuando pasó a superliga), con transferencias que atentaron contra los records mundiales. La Superliga disminuía el recuerdo por el arreglo de partidos que en 2010 causó la dimisión de varios dirigentes por orden del gobierno.

La liga 1995 finalizó con escandalo cuando los jugadores del Jillin, equipo que jugaba por la permanencia en la última jornada, daban el balón a sus contrarios como señal de que el árbitro no se le podía derrotar. Esos y otros disturbios por acusación contra el arbitraje reportó World soccer en aquello días.

Para 1997 se estableció un sistema de descenso para los árbitros, y la liga proponía aumentar de doce a catorce equipos para 1998, respondiendo a un plan de expansión en diez años que sugería los catorce equipos para 1997.

En el apartado de transferencias se ordenaba a los clubes respetar el censo de registro de ciudadanos. Por este, los jugadores contratados, nacionales y no profesionales, podían elegir adónde ir y el empleo a desarrollar fuera del fútbol.

Las protestas contra el arbitraje continuaron e hicieron al dueño de Dalian poner al club en venta tras la eliminación en semifinales de Copa en 1998, por considerar que el central lo perjudicó. Dalian había ganado las anteriores cuatro ligas.

Más puntos de controversia.

El arbitraje no fue el único problema en los inicios de la era 1994-2003. Uno de los primeros artículos sobre China lo publicó World soccer en junio de 1996. Su título “The final bordier” (La última frontera) tomó contexto justo para describir la Superliga por haber sido esta el aparente último límite del fútbol organizado que faltaba conocer.

Keir Radnedge mencionó en el artículo el caso de Wang Tao, cuyo traspaso era cifra record –cincuenta mil libras- para el mercado local, incluida vivienda y otras prestaciones prohibitivas por las regulaciones del país, no obstante estar en la época profesional.

Estaba la intención de estructurar una liga en el nivel de las mejores del mundo. El encuentro de la selección contra Inglaterra en Pekín en 1996 fue descrito por el artículo como el de más alto cartel que se había organizado en el país. Radnedge lo subrayó como el encuentro de dos fundadores del fútbol. Los chinos, aportando antecedentes primos de la práctica del juego, y los ingleses, que lo reglamentaron casi dos mil años después.

China se involucró con el gran fútbol desde la mesa de negociaciones con traspasos que causaron espasmo. Si no por las cifras, ya que mientras la Superliga rompía cada semana sus marcas de contrataciones, Arsene Wenger afirmaba que faltaba poco para superar los cien millones de euros en un traspaso, sí por atraer estrellas mundiales hacia un campeonato del cual casi nadie vio nunca un partido, pero que había comenzado por llevar directores técnicos

Marcelo Lippi y Lusi Felipe Scolari fueron nombres que llevaron a equipos chinos al campeonato de la Copa de Campeones de Asia. Cuando en los noventa inició la etapa que se consumó con la Superliga, los chinos no jugaban competencias continentales por cuestión de calendario.

2016 se vio como el año del impulso definitivo. Se escribió aquí del atentado chino contra la economía del fútbol. La continuidad en las transferencias de record contribuía a ello.

El pase de Elkeson, de Guangzhou a Shangai, por veinte millones de euros destapó un escándalo que pareció de un día porque la cifra hizo olvidar a su predecesora. Sucedió el 21 de enero. Una semana después, el día 28, Ramires deshizo la marca con los treinta y cinco millones de la suya. Seis días después, el 3 de febrero, Jackson Martínez anunció su llegada a cambio de cuarenta y dos, y dos días después, Shaktar Donetsk no continuó la objeción a la partida hacia la Superliga de Alex Teixeira. Cincuenta millones convencieron a los ucranianos, y prensa inglesa publicó la siguiente promesa: entre cincuenta y siete y setenta y cinco millones por Óscar.

Antes que el brasileño, Hulk sentó una nueva marca: cincuenta y cinco millones, y en diciembre se divulgaba que óscar estaba en camino por setenta y un millones, lo que introduciría a la Superliga entre las transferencias más caras de la historia. Sólo diez más provocaron pases más costosos.

No es todo.

Antes de concluir el año, Don Balón recopiló las ofertas por figuras de alta categoría. A casi nadie se creía salvo de los presupuestos de la Superliga tras las más recientes incorporaciones. Jugadores como Ribery rechazaron ir, pero el mercado continuó encareciendo hasta rebasar el valor real de un traspaso con los ofrecimientos de China.

La oferta más alta, por Lionel Messi, referida por La Nación en quinientos veintidós millones. El siguiente en precio es el pase de Tévez: ochenta y tres, y más abajo Cavani con cincuenta y siete.

Un artículo elaborado por South China Morning Post presentó a las aficiones en el nivel de las mayores del fútbol europeo, pero sin llegar a la violencia, y habló de un promedio de asistencia de veintidós mil, que en las primeras jornadas de 2016 quedó rebasado con treinta mil promediados. Casi emparejado el primer promedio con Francia o Italia, y World soccer, en su edición digital, preveía que para 2017 la liga estaría encima de esas aquellas dos en esa clasificación, siendo por consecuencia la cuarta liga con más espectadores en las gradas, con España, Inglaterra y Alemania encima, y una con los mayores egresos en transferencias en el mundo.

Hemeroteca:

World soccer (fecha y volumen)

1995

Noviembre    36-2

Diciembre     36-3

1996

Febrero          36-5

Abril                36-7

Julio               36-9

1997

Febrero          37-5

Julio               37-9

1998

Diciembre     39-3

 

Don Balón

No. 1166       16-22 febrero 1998.

 

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