Panóptico. 62

El fin de los festivales en Morelia…El terrorismo amenaza la navidad en el mundo, y más cosas.

Nadie lo cree.

La decadencia de los festivales planteada en las columnas 51 y 55 tocaría el cinismo con la continuación de publicitarlos como alma de la ciudad y de la máxima expresión artística y cultural que puede verse en ella. En 2016 no resistió más la añagaza, desbordada por la escasez de nombres como los que vestían estos eventos.

Los festivales de Morelia han pasado a ser de los grupos o solistas locales. Cada año se está viendo a los mismos nombres llenar sus carteleras sin cumplirse el objetivo primario de presentar gente de otros países para contrastar y medir la calidad de casa.

Las inauguraciones y clausuras, con las que se suele medir un festival, suelen acostumbrarse a las mismas personalidades o algunas que ya estuvieron, y en medio, gente de la ciudad, a la que se puede escuchar varias veces al año en cualquier rincón habilitado para el concierto, el recital o la tertulia. Lo internacional es una cualidad que la gente siente no estar apreciando, porque ello no corresponde a lo extranjero sino al nivel de calidad que los festivales pretendieron -y algunos cumplieron- llevar a Morelia cuando se fundaron, y hoy la disfrazan con lo inmediato, lo que queda en casa, sin respetar la expectativa del público que crearon. El que reclama la intención de presentar lo que por años se tuvo. Artistas de una calidad no vista antes en una Morelia que se queda sin sus grandes festivales.

Continuación.

Parecían días para seguir debatiendo por los derechos de las mujeres. Las versiones sobre la chica a la que en una escuela de Estados Unidos intentaron quitar su hijab, y la musulmana atacada por varones que hacían comentarios en contra de los musulmanes, mantuvieron vivo el escarnio sobre esas vejaciones vistas como odio, sin llegar a lo masivo como el ataque que dejó muerte en un centro comercial de Berlín.

Se pisaba el titular con el del embajador ruso asesinado en Turquía. Crímenes en los que antes de ver el odio, se esconde el hilo de lo iniciado en noviembre de 2015 en París. El estado de alerta fue resistido por los grupos y personas que tenían proyectados los ataques. En el seguimiento de estas columnas, quedó visto el periodo de paz como estrategia de los atacantes para ofrecer la creencia en su retiro, el cual no debieron creer las fuerzas de seguridad, y regresar con el estado de emergencia disminuido.

La época más celebrada del año en el mundo, habría largado una nueva sucesión de ataques. Alemania estaba señalada como uno de los grandes blancos, y la ruta de extensión es nítida. Las naciones que padecieron la cadena de atentados iniciada en Francia, deben aguardar por el capítulo II, que ya tuvo su continuación, si de odio se trata, con el ataque a una mezquita en Zurich, baleada por un hombre.

Antes de odio, hay que valorar si se trata sólo de blancos con la simbología para el impacto público. Nada tendrían que ver esos blancos, como no tiene relación el ciudadano común, cuya vida es el medio de expresión del terror. Sea este institucionalizado como artificio para desplegar operativos de seguridad, o como real manifestación de grupos terroristas de otra clase.

Y de cola, un presidente más al que no quieren. Pidieron proceso para Duterte.

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