Panóptico. 64

Morelia y su imagen espuria…Storm Large en medios sociales…Semanas de muchos famosos fallecidos…Hijos siguieron a algunos…Chicas en la ventana.

Cuando falta la originalidad.

Pasó la época navideña. Sigue la de fin de año, en la que mantienen los adornos con que Morelia fue maquillada para la primera, sin mostrar las señas de identidad que hasta mucho antes de la llegada de los funcionarios de ahora, los que atienden más sus viajes por el mundo durante su estancia en la administración pública, fueron el atractivo para el habitante y el que llegaba de visita.

En la columna 59 se expuso que todo lo que se hace para cambiar la imagen de la ciudad da una imagen insatisfecha de esta. La promoción para acarrear visitantes incluye escenarios ajenos a la tradición moreliana y michoacana. Para ver arbolitos y flores de ideas extranjeras, hay países –para el que pueda visitarlos- donde apreciarlos como parte de la cultura local.

La navidad norteamericana, la de más allá del muro, desplaza a la moreliana y michoacana, sin que tenga que montarse una purépecha. Una tradicional de ciudad colonial, sólo de Morelia, es lo mejor que puede venderse a quien llega para conocer la tradición, y para agasajar al habitante, pero es más cómodo y negociable rentar lucecitas a empresas de otros estados, sin apoyar a las locales solicitándoles la materia para llenar plazas y calles con una navidad de casa, que los turistas no llegan para ver lo que pueden ver o ya vieron en otras partes, y bien hecho.

La navidad universal, la que introdujo el mercado es para otros. No para una ciudad al borde de morir de hambre, a la que los costos de regalos, cenas y objetos de la navidad ajena a Morelia se hacen prohibitivos.

Lo puede contar la gente de colonias alejadas y de las tenencias. Para los funcionarios, Morelia es sólo un Centro adulterado con ideas tomadas de otros porque una de las grandes carencias de la ciudad es la imaginación y la inventiva de funcionarios y sus amigos que llenan las nóminas de la administración pública.

Diosa silente.

Como llenan medios de internet espacios con chicas que les parecen novedosas. Cada día no falta la mujer que, en el argot de esas páginas, enciende las redes sociales (medios, no redes, afirma la Rae) con fotografías con las que pretenden poner a los lectores en el borde del infarto.

Susan Storm Large, nombre real, es una de aquellas féminas, y pasa desapercibida para las mayorías. Los doscientos o cuatrocientos –y poco más- Me gusta, y los comentarios menores en número a eso, que recopilan sus fotografías, la involucran con el anonimato de un medio que encumbra a desconocidas y sustenta la vigencia de famosas.

Pilotos de avión que en sus ratos libres ejercitan sus cuerpos con yoga, suicidas que con una mano sostienen la cámara y con la otra una viga para precipitarse hacia un vacío inacabable, o corporeidades que pasan a examen del gimnasia mostrando en internet los resultados del ejercicio, recolectan seguidores cuyo número se mide por megas.

Y Storm, tan impresionante en su anatomía como con su voz, no necesita de nada de eso para mantener la atención de sus seguidores. Su perfil de Instagram presenta continuamente fotografías al descubierto de su bien moldeada anatomía. Un portento físico que ofrece a través de los monitores una lujuria natural, tan espontanea como ella, Susan, con la cualidad de no dejar nada para la imaginación, porque todo lo muestra, sin agotar las sensaciones con el deseo que provoca.

Rasgos y formas que pueden verse en la mujer que pasa por la calle; en la compañera de escuela o de oficina. En la vecina que asoma para tender la ropa. En una de sus fotografías escribió ser símbolo sexual se la hizo tan tonto. La fascinación que produce Storm Large proviene de ser una mujer ordinaria. Y pasar como tal. No por pose sino por naturalidad.

Su voz es el comienzo. Una de las cantantes más completas e impresionantes que se han visto en el siglo. Y es la voz el canal inicial para adentrarse en su encanto porque con ella dirige las incitaciones de su sensualidad sobre los escenarios.

Pocas habranse visto con esa coordinación de cualidades que ofrecen a la mujer como mujer. No como la estrella inalcanzable que necesita arreglarse el cuerpo y despojarlo de ropa sin enseñar nada.

La partida de las estrellas.

Los anteriores once días del año, fueron un desfile de celebridades hacia la tumba. Con Zsa Zsa Gabor comenzó una pasarela de divas en la que formaron Michele Morgan, la primera gran actriz de Cannes, Carrie Fischer y su madre Debbie Reynolds. Dick Latessi, David Barry y Ricky Harris, fueron otros llorados por el cine. El celista Heinrich Schiff y el cineasta Eliseo Subiela los acompañaron. También el escultor Kenneth Snelsson, la cantante Leo Marjane y los interpretes George Michael y Rick Parfiit, ambos el día 25.

Hoy se anuncia la hospitalización de Charly García. Su gente dice que es revisión de rutina.

Pues verlos a ellos.

             La noche anterior, once días después de que murió Gabor, su hijo adoptivo, Oliver Prinz, se le unió. Y ese día, el siguiente de la muerte de Carrie, Reynolds falleció.

Y a ellas.

En esos días de luto, dos presentadoras cobraron la fama que como tales no alcanzarían, quizá. Costanza Calabrese daba las noticias en Italia sin advertir que a través de su escritorio de cristal se filtraba la imagen –sin apoyo del camarógrafo para evitar el número- de su entrepierna abierta con un vestido que no cubría tanto.

Una rumana, Daniela Crudu, exhibió su busto en el ludismo de una escena en el programa donde reporta el clima.

Las dos imágenes quedaron a disposición en canales de videos.

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