Panóptico. 65

El aumento al transporte público en Morelia…Los policías baleados cerca de la Calzada Fran Antonio de San Miguel…La seguridad para la noche de año nuevo.

La aceptación pasiva.

El aumento al transporte público en Morelia, visto en la columna 57, se cumplió, de nuevo en un diciembre, como en 2010, cuando el costo subió a seis pesos. Esta vez se anunció a ocho, reservando el otro peso solicitado; quizá  para cuando aumente la gasolina. Para esto pasará casi un año porque Michoacán será de los últimos estados de su país que reciba el aumento. En tanto, los centros de abastecimiento del líquido siguen la pauta que en otras entidades, de racionarla.

Nada hay que pueda hacerse ante el aumento. Al moreliano le gusta quedarse con el pretexto de que todo sube (menos su salario, pero el teléfono celular, el alcohol y los aparatos para captar la señal digital de la televisión siempre tiene dinero), y los tiempos de baja economía son los mejor empleados para hundir más al mexicano. Cada año se habla de que será peor que el anterior en cuanto a economía, y el moreliano allí sigue. Hasta granadas le han lanzado y no se extingue con nada. En los anteriores once años, pensaron os morelianos que habían librado, con la anulación de la verificación, un gasto no deseado. La contra fue el reemplacamiento, que dañó más la economía por los que prefirieron hacerlo en otros estados, ante el alto costo que tiene en Michoacán (sin saber si con el viaje no se equilibra el gasto; el caso es ir en contra de las normas locales).

A los estudiantes, con los dos aumentos al transporte en estos años,  dieron motivo para organizar su protesta, con el aumento a la tarifa del transporte público y son los únicos que han sabido hacerse favorable la medida. Antes, por las calles y en las paradas, pedían un peso para su micro o féretro rodante; entonces comenzaron a pedir dos. Y cómo creen que el peatón que tiene la bendición de no requerir de aquellos servicios y camina plácidamente por el centro cada día, los va a apoyar.

Y es que el habitante de Morelia es de queja y no de acción. Tema harto tratado aquí. Los del transporte público emularon el bellísimo ejemplo de resistencia y acción civiles tenido en 2006 por los quejosos de la verificación. Criticado por la suciedad (sic) civil de Morelia, el paro de los transportistas operó en favor de todos, pues el beneficio de la no verificación dejaría un precedente del cual se podrán valer quejosos posteriores. Aquellos muchachos, además, son los dueños del pueblo. La pusilanimidad del habitante promedio de Morelia les confiere ese derecho, y se pasó de buena gente al esperar al resultado del estudio de una universidad estatal para determinar la tarifa del transporte. Si la mayoría de los estudiantes de esa universidad acuden a condonaciones alegando miseria económica, el estudio no iba a favorecer la intención del aumento que no tendría objeción, por la pasividad del habitante, en caso de ser arbitrario. Si se fijaba la tarifa en cinco o hasta en seis pesos, los usuarios la iban a pagar, porque el sometimiento que tienen al haber entregado sus vidas a un empleo, los mantendrá en su pasividad.

Así es cómo pagarán los ocho, o nueves pesos que, se escucha, cobran algunas unidades. La mejora en el servicio de transporte público es un objetivo que parece lejano, pues para conseguirlo se requiere de la participación de una mayoría y una característica de Morelia es la cobardía de su gente. Nadie, empero, manifiesta su inconformidad ante las cajitas de la muerte que alteran la tranquilidad de las calles, con su no empleo. No es una acción que la gente esté dispuesta a seguir, aunque sea en un día: un día de protesta manifiesta en el no empleo de ese servicio. Por eso la gente de Morelia tiene lo que merece, porque continuar usando ese servicio es aceptarlo y hacer a los transportistas sentirse indispensables. Se ve imposible que se prescinda de las cajitas de la muerte, porque, aunque fuera un día, la gente temería no a un retardo en su empleo o a perderlo (porque el costo de un traslado en taxi excede el presupuesto de muchos, y no tomar cajitas de la muerte saturaría los microbuses), sino aunque fuera a un regaño.

Tendrán más cuidado al acercarse.

             No hay que salir del centro para recrearse y mantenerse en forma. Se ha escrito aquí sobre el chapoteadero en la fuente de Villalongín; ya también se habilitó el de adultos en la fuente Las tarascas (sin importar si fue resbalón o técnica, alguien parecía hacer un clasificatorio al meterse de espaldas; los usuarios corrieron hacia la calzada donde abordaron un vehículo. si las placas eran de Michoacán, es creíble); la gimnasia en un árbol en esa plaza, y el disfrute de la ciclovía de parte de todo lo que tenga ruedas; y el Móntesele al Benemérito (Plaza Juárez, con anuencia de los policías); el Póngale faldas al Generalísimo, ya es conocido mundialmente.

Hay una nueva actividad. Apasionante. Tiro al blanco al civil. En la madrugada del jueves 29, los tripulantes de una patrulla, con ese sentido que tienen para la inferencia, descendieron en la callejuela de Revillagigedo, en el Centro, no en la colonia hasta la que se extiende la calle, como reportaron medios, para molestar a un joven. Eso, molestia, antes que intención de ver si era mal muchacho de acuerdo a las concepciones policiales de la ciudad, hicieron. Si el chico se estaba drogando, muy su salud, pero los policías recibieron balazos del joven, y le respondieron igual. Los tres, al hospital.

La actitud de la policía es la molestia del habitante. El procurar siempre la falta de gente para atacar e intentar asaltar a quien deberían cuidar y respetar su ocio que a nadie daña.

Esta vez no hubo gente. La zona tiene antecedente, del otro lado de la manzana. El viernes 22 de abril de 2012, luego de un tiroteo entre delincuentes en la Calzada Madero, un grupo de policías rodeó calles y callejones del barrio para buscar al que les mató a un compañero. Las sirenas no aullaban, pero los tripulantes de los vehículos que las traían, se metían a casas. Recorrían las calles con cartucho cortado, apuntando con el dedo presto para jalar del gatillo, y permitían que la gente transitara entre ellos. Antes, en esos operativos, se enviaban helicópteros y por altavoz se pedía a la gente que se resguardara porque podía haber tiros. Desde entonces, la nueva dependencia de Inseguridad pública, pone al civil en medio de un conflicto que es policial, porque los uniformados no actuaban por ley, sino por venganza al ver a uno de sus compañeros muertos y les valía el peatón. Queda una de las preguntas de ocasión: si así actúan cuando hay tan siquiera un herido que no pertenece a su grupo.

Y se muestran como tan poca cosa. Por trescientos pesos robados se dio el espectáculo. Eso vale la vida un policía en Morelia. Uno de los policías que rondaban la zona por Calzada Madero, dijo que se trataba de un accidente vial. Eso ocurrió más tarde en el cruce de esa calle con Bucareli. Un motociclista fue traslado en ambulancia, pero su vehículo quedó sobre el asfalto a expensas de los ladrones. Unos vecinos dijeron que lo cuidarían mientras el accidentado regresaba. Si el incidente es de autos, de inmediato acude la grúa. Una moto parece tan poca cosa como un policía.

El peligro latente.

Ni en los espacios bien vigilados para que el esparcimiento sea sano, hay seguridad de vida para el habitante o quien visite Morelia. El incendio del árbol de navidad en la noche buena, por impacto de la pirotecnia de cada sábado en el Centro, no da consciencia. La fotografía de la columna donde se mencionó el caso, es de un resto de cohetes que durante años han caído en calles cercanas a los fuegos artificiales, y el levantar la vista para verlos o tomar la fotografía, expone a recibir daño en un ojo.

Y un ojo puede valer una vida. Muchas, los atentados que marcaron al mundo desde 2015. España y Londres de blindan para la noche de año nuevo, y Sídney vende calma. Esa ciudad, en donde feligreses contestaron una misa en un templo marcado como posible blanco terrorista en navidad, trata de convencer de que nada sucederá en los puntos de reunión para vivir el cambio de año.

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Un comentario en “Panóptico. 65

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