Panóptico. 71

Michoacán y sus gracias…Trump, el presidente…El mundo en el mes.

Cada cual lo hace su paraíso.

             Hay en el discurso de apertura de la administración estatal una alusión al empleo. La única. Hablando de apoyo a las empresas no grandes. Aparte, y a renglón seguido, quedan el campo y demás labores que no son las reclamadas por la juventud. Apoyo del cual no se ven visos a casi año y medio de aquella palabrería, retirado tácitamente para desviar las atenciones e intereses hacia el migrante que se apresta a ser expulsado del país que invadió, y al que se le promete lo que a los que se quedaron. En un instante resolverles la falta de empleo. Crearlo para los que se marcharon desdeñando algunos a una patria que no los quiso, y que ahora, por medio de una sola persona, les tiende todo lo que el estado pueda darles en su regreso, dejando sin nada, ni la esperanza, a los que permanecieron en la tierra propia, y que dieron la mayoría del voto para el ganador de la elección.

Las intenciones no tienen el resalte de artificios lingüísticos como los empleados por predecesores inmediatos en el cargo, o para  no comprometerse con la gente, pero los proyectos divulgados siguen sin corresponder a la imagen que mediante el trabajo que denote la cultura propia son deseables para Morelia y Michoacán.

Las quejas se desvían incidentalmente. Un video, que en la visión y administrativa denuesta una tradición estatal, con mujeres nada parecidas a las Tarascas, imagen representativa de la mujer michoacana, haciendo una danza tradicional, con arreglos de una banda de otro estado, propone persecución y castigo a los creadores del número, advirtiendo sanciones a todo ciudadano que divulgue el video, cuando, como se dijo en el caso de las protestas contra Trump, debería empezarse por los funcionarios locales y estatales. Ellos son los mejor posicionados para recibir las manifestaciones que hasta el otro lado del futuro muro no se escuchan ni ayudan en nada.

El moreliano continua atenido a que otros, casi siempre en el anonimato masivo, le resuelvan lo que nunca tuvo solución por la pasividad de tal ser, el moreliano, que ve atentado su establecimiento con lo que sucede en otro país, y no defiende el suyo.

El atentado contra la democracia.

Grita por una democracia que no es la suya, aunque debería de serlo. Porque el caso con Donald Trump no resistió clamar que una sola humanidad no tiene nacionalidades, y que se es sólo humano. La contrariedad del moreliano es protestar contra lo que este el mismo desea. Un gobernante auténtico, aquel que hizo promesas verdaderas y que las cumpla. Igual el mundo. Maldecir la democracia; quererla abortar en una de sus naciones emblemáticas para derrocar al que ganó con ley y claridad. Y es que lo establecido, esa comodidad para el mundo, se anhela ahora como ley inquebrantable. Lo establecido es la comodidad de gente como el moreliano, atenido y conformista, y no soporta que desde un país contiguo se lo alteren, pero no está allá el problema. Lo establecido, eso que continua vejando los derechos del moreliano, es lo que se quiere mantener. Se teme el cambio que pueda llegar por lo que pasa en otra parte, sin trabajar por cambiar la casa. Esto es lo que no ha querido el moreliano durante décadas. Se queda con la ensoñación de las morelandias que cada sujeto que pasa por su silla mayor le dibuja, y, siendo de dichos, el moreliano se queda con mejor quedarse lo conocido, aunque sea malo, que arriesgarse a conocer lo bueno. Esto es lo que hacen en Estados Unidos, lo que seguiría Francia, y varios aliados de las Barras y las Estrellas. El mundo no es como el mejicano lo quiere. Ver cómo está su país para entender que se necesita otra concepción práctica del mundo.

Cara y cruz para las mujeres y otras cosas del mundo.

Hay de ellos esperanza para el débil sexo. En Arabia se piensa en la apertura para que acudan al gimnasio. Antes se propuso dejarlas conducir. Y en Irán surgió la idea de permitirles acudir a eventos deportivos de varones, pero en Argentina insisten en prohibirles los toples. Peor le fue a la inglesa golpeada por un trozo de madera arrastrado por vientos que no dejaron de dañar en el mes, y a la australiana golpeada por un auto que se impactó contra un poste.

Allí, en esa tierra, terminaron la semana pasada con un acuchillado por día. Claro que le tocó a una fémina, y en Congo un atentado con machete decapitó a veinticinco seres humanos. Recordar que esta arma se puso en boga durante el 2016. El año había comenzado con una mujer atacada con un hacha en Australia.

Las mujeres virtuales tomaron protagonismo con la muñeca transgénero y la petición de destruir a Cayla, la muñeca que pregunta a las niñas, como precaución de que tenga un dispositivo que transmita la información que le den las niñas.

Los derechos humanos vieron guerra contra la xenofobia en Australia; Trump decretó que el tercer sexo debe usar baños exclusivos, y engrosó su antología de declaraciones. Habló de atentados ocultos por Alemania, antes de exponer la violencia en Suecia; antes llamó asesino a Putin, en sentido metafórico, y The New York Times publicó sobre las cualidades de los hombres que tienen el dedo sobre el botón nuclear.

Irak y Turquía recibieron las explosiones de bombas; Siria un coche explosivo; En Myanmar se denunciaron crímenes por parte de militares; una familia fue asesinada en Australia y una de Uruguay se murió en accidente en Argentina, donde hoy un choque de autobuses contaba diez muertos.

Rumania aprobó la corrupción y comenzó a ceder ante las protestas. Menos masivas fueron en Hong Kong, y aun así fue histórica en número la montada por policías arrestados en 2014. Polonia mantuvo quejas contra su democracia.

Estados Unidos encontró opositor en Australia. Turnbull anticipó bajar impuestos a las empresas que no colaboren el Trump.

La ciencia aireó el mes con el descubrimiento de un continente, de un sistema planetario con siete planetas como la Tierra, y se encontraron fosiles por los que se reconstruyó una criatura que vivió cerca de quinientos cuarenta millones de años atrás.

hubo conflictos de sacerdotes en Australia y Reino Unido.

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