Champions league 16-17. Octavos, vuelta. Nápoles 1 Real Madrid 3 (2-6). Palmas cambiadas por ramos.

Moviendo el balón, Nápoles no se rindió a la eficacia de un Madrid que validó el doble descuido partenopeo en la jugada con la que gana los partidos más trascendentes, y dos cabezazos de Ramos dirigieron hacia la calificación restando suspenso a un partido sin dueño de resultado hasta el 1-2.

             El partido más hostil para el Madrid con Zidane.

             Sarri preocupado por contar con un ‘9’, figura que no gozó con constancia en la temporada.

             El mecano y variaciones de Zizou, prueba para una alineación que poco repitió.

             Tercer partido trascendente consecutivo en el que Nápoles perdió una ventaja y le metieron 1-3.

             Rivalizó el Partenopeo hombre a hombre y bloque a bloque, pero descuidó la vía de salvación del Madrid.

             Zidane volvió a contar con su once de más nombres y le sacó la noche el jugador de costumbre.

No se lo complicó el Real Madrid. Está en una racha histórica dese la temporada 13-14, rompiendo sus gafes, aliviando sus traumas, exorcizando sus fantasmas; dictando clínica de cómo ganar partidos de máxima exigencia. Es el Madrid que gusta poco pero convence. Tiene los resultados en la mano para mostrarlo, y la cabeza de Ramos para conseguirlos. Faltaba en la racha un gran triunfo en Italia, tierra mezquina para el Merengue, y no le puso mucho ingenio. Nápoles hizo un partido mediano, pero digno para su categoría. Sarri no cavila ya sus tácticas. Las tiene rodadas. Estaba la duda de Mertens, el ‘9’ en el que más confía, lesionado el sábado, lo cual lo hizo abandonar el partido que con dos goles dejó ganando en Roma. Lo recuperó. Armó un esquema con seguridad. Allan, medio de cierre, no alteró el 4-3-3 parada muy cerca de Diawara, el mejor ‘5 en el plantel. Los demás, los de lujo. Infaltables en cada cita grande. Nápoles las enfrenta con desparpajo, sin pensar más en la defensa que en el ataque. Era su tercer partido clave en tres semanas. Antes, la ida y la de Copa Italia. En los tres marcó primero y perdió 1-3.

No se reprocha hoy el manejo del resultado. Esto se hace con el control del balón y labor de bloques. Las dos cosas las hizo notables el Partenopeo. Jugó siempre con su defensa en la línea ecuatorial. Circuló el balón sin exponerlo y en el primer tiempo su presión hizo erradas varias salidas del Madrid. Una, de Pepe, casi entrevistó a uno de sus jugadores con Navas; después, el gol; al rato el poste. Se iban las oportunidades del 2-0, el marcador de la calificación. Ronaldo, que en la ida perdió un gol valioso, el 1-1 entonces, al elevar frente a frente con Reina (27’), volvió a malograr un 1-1 culpó al poste por ello.

Se iban para los dos los goles clave. Se fueron eventualmente para Nápoles, pero el 1-0 promovió suspenso en la casa de Laurentis. A un gol estaba la calificación para los dos, y si Sarri asimiló a conciencia la manera de jugar del Madrid para obstruirle las salidas y romperle las conexiones, pese a la visión de Zidane para romper con Carvajal, puñal de siempre, y Marcelo, no trabajó el técnico italiano las marcas y coberturas en balones detenidos.

Dos cruces. Dos cabezazos de Ramos, con los postes descubiertos, aunque en el segundo golpe de Sergio, Mertens se interponía entre él y la red; desvió y no evitó el gol. Ahora le faltaban cuatro a Nápoles, que no pensó en lo imposible. Sarri puso más motor en el medio con Roig; fuerzas con Zielinski, y anunció su intención con Milik, un ‘9’ perro de presa que no se metió con Pepe, otra vez notable en un partido grande. Es donde aparece el Madrid de estos años. El que tutea a sus grandes antecesores dirigido por un técnico del que muchos siguen sin creer para el encargo, pero que pospone las críticas más severas.

El Madrid de siempre, puede decirse, sorteó una de sus aduanas más complicadas. Se sacudió acaso el último de sus temores históricos, y el Nápoles de rutina, el que por cualquier razón no mantiene ventajas, le aplaudió sin rendírsele.

Análisis.

 Esencia. No consigue un equipo de Italia despegarse de la tradición de su fútbol. Nápoles sacó el repertorio de presión y achique para cortar a un Madrid planteado para el espacio largo.

Ariete. No buscó Sarri un ‘9’ clásico de escuela italiana. Mertens apareció cerrando desde los extremos o desbordando por ellos. Se zafó de Carvajal para el 1-0. Terminó de extremo sobre el español cuando Milik ocupó la punta.

Desatención. Nápoles no perdió por balón en movimiento ni bloques. Ni por permitir los remates de Ramos (1-1 y 1-2). Le faltó variar su estrategia de no poner hombre junto a los postes en los saques de esquina del Madrid. Por allí entraron esas metas. Contó que no apretó sus marcas en zona para evitar conceder pelotas detenidas desde la esquina.

Plegados. En el Madrid se entendió el lucimiento como último fin. El sistema de Nápoles exigió desgaste táctico y así se vio a Vázquez, reemplazo de Bale, ser señalado por Mertens culpable de un penal reclamado por el belga. Todo el Real corrió; más los delanteros por el regreso que les solicitaba su sistema.

Ruptura. Entro Morata para correr el ataque. Menos de área que Benzema, rompió las estrategias de achique en un cara a cara con la defensa napolitana, anticipando por una vez al sólido Koulibaly en la única entrada blanca en espacio largo. 1-3.

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