Champions league 16-17. Octavos, vuelta. Barcelona 6 Psg 1 (6-5). La condena del estilo.

Psg defeccionó su estilo, con lo que no mostró confianza en su juego, el que le dio el 4-0 en la ida, y aún con la eliminatoria en sus manos, que no en sus pies, por el gol de Cavani, se empeñó en defender goles en vez de buscar más con táctica y no en galopes aislados, y el Barca, jalado por un Neymar interminable castigó al París, no obstante la mejora de este en el segundo tiempo.

             Arrogante desde la previa, Luis Enrique dijo que podían meter seis goles.

             París tenía la prueba por ser el que no ha demostrado nada en Champions, donde mantener ventajas no es su cualidad.

                       A Emery le sobraban delanteros para armar su alineación.

             Ganó el único que fue equipo, aunque con individualidades desconectadas, pero el París fue esfuerzos personales desubicados.

             Emerey se confirmó como un técnico para equipos medianos.

             Sin ser la gran noche de su juego, el Barcelona apeló a todo aunque no fuera estético.

En los tiempos que ven debatirse a directores técnicos entre la dejación del juego con el que obtienen resultados mayores en partidos de alta exigencia –mucho se ve en la Copa de Europa con modestos que cambian su concepción al entrar en liguilla desde la previas- no se encuentra un partido que exprese con contundencia que el estilo a veces es lo menos creíble de parte de aquellos técnicos para sortear un encuentro trascendente; no se encuentra partido que lo cuente como este.

Unai Emery traiciono sus filosofías e ideas acerca de la identidad de un equipo. Su tricampeonato vigente en la Europa league con Sevilla, se anotó desde el previo al grupo A, donde jugó el París, no era credencial para la Champions, donde Emery nunca sobresalió. Mucha distancia hay entre las dos competiciones, y Emery temió comenzar a pensar en ser grande. No lo sería el París por ganar esta eliminatoria, ni con la derrota se acercó a ello porque no defendió su ideología.

La historia del Barcelona está sobrada de transformaciones como el Doctor Jekyll y Míster Hyde (así tuvo el Psg la suya de la ida a la vuelta.) Y de soberbias. Los aforismos de Helenio Herrera no lo ayudaron en la Copa de Europa, y el memorable desprecio de Cruyff al Milan, previo a la Final de Atenas fueron episodios revivificados cuando Luis Enrique, con o sin soberbia, dijo que podían anotar seis goles. La cantidad necesaria si París anotaba uno, y el equipo francés no salió a buscar ese gol. Antepuso defender los cuatro que consiguió en la ida, y en vez de aplicarse en su juego de tomar balón e iniciativa, el que le dio el 4-0, y arrear todo hacia el ataque, que es lo único de que puede preciarse, hizo el ejercicio del hormigón con su 4-5-1 compaginado en tres cuartos de cancha del ataque azulgrana. Jugó a romper con Cavani, jinete solitario que le entrego el gol necesario posterior a verlo frustrado por un poste.

La salida intentada por el Psg no fue óptima. Rabiot, el satélite de lanzamiento, tuvo siempre a tres azulgrana sobre é, para bloquearlo, todo Barcelona estuvo en terreno contrario. El gol final surgió de un saque de falta, siguiente jugada a una recuperación de ter Stegen, el portero del Barca, en campo contrario, cuando Cavani, o alguien más, aprestaba una carrera como aquella del Niño Torres que dio el pase a la Final al Chelsea en este estadio, pero solitario el atacante de hoy.

París no dejó jugar al Barca en la ida por jugar para sí. Hoy lo dejó jugar porque no pudo jugar. No tuvo conciencia de que clavarse para ver jugar al Barcelona es, sí, el intento parisino de proyectar a un jinete solitario por más de sesenta metros, pero es esa estrategia era defender cuatro goles y no pensar tanto en uno.

Hubo mejoría en el segundo tiempo. Con el 3-0 Meunier se hizo más notable para entonces ser el extremo que no que Lucas Moura, cambiado por Di María. El brasileño y Draxler fungieron como extremos camuflados entre la contención, en la que no existieron, cuando el plan era que su camuflaje fuera como interiores para ser delanteros. Para otra cosa no son ellos, por lo que Unai equivocó la estrategia con ambos en un equipo que sufre para elegir entre cinco delanteros, pero le sobran dedos para contar a defensas para el juego que hoy intentó.

Luis Enrique tiene la nómina medida. Monta sus festivales con poco. Guardó su once más reconocido, por el 3-4-3 cruyffiano para la empresa de hoy. No apeló a la concatenación larga. Esa era la vía más estética y divertida para el gol peor quiso la más directa. Sintetizó las secuencias de gol. El estilo felicitado en el equipo no fue requerido, ni extrañado. Se aceptaba el esfuerzo como única ruta hacia lo que de gesta pasó a ser épica por el gol del París.

Tres goles y no recibir uno. Neymar, el que más parecía despojado de la creencia en lo que un día antes pensó imposible Arsenal, y lo hizo Bayern en media hora (cinco goles), surgió en su mejor versión, aplacando la rebelión que propuso Meunier, a quien le pusieron de escudo a Aurier, más propio para la la estrategia de contener y dar salida, y termino dejando el lateral a Serge para que el equipo tapara el mediocampo con Krychowiak hombre valioso en los éxitos de Emery con Sevilla.

En el 92’ ese cambio. Lo último para la resistencia del París, y nada para la del Barcelona, que regresó a su creencia en la remontada, si es que la había perdido, y dio, con ayuda de la postura del Psg, una de las apoteosis más caras en la historia del fútbol mundial.

Análisis.

 Inadecuados. París es impotente a la defensiva y no tiene en Lucas y Draxler jugadores para el intento que hizo hoy de tapar y correr hacia atrás. Desde la alineación, el plan de Emery estuvo fallo.

Bloqueados. Dejó París jugar a diez del Barca en su campo. Rabito, a veces Matuidi, era la salida hacia Cavani, pero tres del Barca, con más de medio París en su área, lo bloqueaban para recular la jugada. Psg hizo esa estrategia en la jugada que precedió al 3-1.

Directos. El parado del Psg era para desesperar a un equipo de toque incesante. Pero no salió el Barcelona que lo hace. Lo indicaba el 3-4-3 de Luis Enrique. Por la izquierda, Iniesta y Neymar hicieron monologo para romper la marca zonal y provocar el 2-0, penalti del 3-0 y hasta la falta del golpe franco del 4-1.

Invitados. Con todo París en tres cuartos de campo del ataque azulgrana, el sistema de Emery quedó en mano a mano y a veces en inferioridad; hasta tres delanteros culés quedaron para un defensor.

Bombeo. No pudo entrar a toques el Barca ni podía rematar desde fuera del área. Desde el 1-0 tuvo la clave: vaselinas hacia el área. Suárez conectó una para el primer gol; se consiguió por una el penalti del 5-1, y se asistió el 6-1 rompiendo a un París inútil para el fuera de juego.

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