Panóptico. 75

Morelia y el terrorismo…Nuevo atentado en Plaza las Américas…La diversidad sexual en espacios educativos.

El culto al enemigo.

No sirven los lamentos ni las condenas que desde lejanos países llegan al Reino Unido en falaz duelo por el nuevo atentado sufrido en las Islas. Acción se necesita y eso sólo la hacen los afectados. Y la reiteración del ataque lleva al progreso de las medidas para evitarlos o al menos estar prevenidos. También los mecanismo de actuación de los atacantes mejoran con los desarrollos de los protocolos de seguridad, e incluso, el agresor va adelantado respecto a estos, porque cuando la seguridad consigue una mejora, sólo se puso en el nivel anterior del atacante, al cual emparejó en el nivel del combate, cuando esta ya tiene un método más avanzado, advertido por la mejora en la seguridad.

No es la manera como se le enfrenta o se previene de eso en Morelia. La ciudad vive el recuerdo permanente del único atentado mayor que puede inscribir en su historia, desde la Vieja Valladolid y sus días como Valle de Guayangareo; no porque lo desee el Habitante. Lo vive en cada evento masivo en sus calles del Centro, por los operativos que en presuntas aras de evitar un nuevo ataque, denuestan los derechos del transeúnte, entre el cual se piensa al agresor, si es que como se ha escrito tanto aquí, el episodio de las granadas no fue tomado como un pretexto para la justificación, incluso pensada desde el nivel federal, de la militarización de las calles y aumento de los cuerpos policiales, dotando, con los años, a todo miembro de cualquiera de ellos con atribuciones de todos en un cuerpo único.

Morelia no ha vivido el terrorismo pleno. El que sucede con frecuencia y que ha motivado desarrollos en grandes ciudades. Ayer, día del atentado en Londres, Davod Aaronovith, columnista en The Times, mencionaba lo común desde hace cuatro décadas, de atentados como el de Wentsmister, el cual, constante desde los ataques en París, se dice firmado por los yihadistas. Estos, hay coincidencia de opiniones, afectan menos la vida civil que el Ira, y en columna aparecida en la misma edición, firmada por Sean O’Neill, aciertan menos de los que intenten en sus objetivos.

La falta de reiteración evita que Morelia invierte esfuerzos en la mejora de una seguridad que, saben bien los que la tienen maniatada, no necesita, porque sus situaciones de riesgo para el habitante se reducen a incidentes menores, cotidianos en cada ciudad, y hasta tiene a sus mayores actores entrenados con dinero del erario, y vestidos de policías.

Pero en la Ciudad de las Canteras Rosa, promovida como destino seguro para el turista –al que el Habitante puede advertir lo que le espera (y esto es hablar del Centro, zona para las visitas)- se continua castigando al ciudadano común por lo ocurrido en septiembre de 2008, con aquellos operativos, y con el recuerdo permanente de esa noche. Se puede creer en una ciudad que se mantiene anquilosada hasta lo retrógado en el culto a supuestos hombres ilustres (a las muchachas las sigue excluyendo mucho de este reconocimiento), gusto por celebrar el pasado inmóvil y enterrado.

Ciudades afectadas por el gran terrorismo, superan pronto el hecho. Recuperar la vida de cada día, es la oposición a la ruptura del orden. En Morelia, se sigue negando esa vida. En Morelia trata más de recuperarla, porque fue arrebatada por los funcionarios que rinden pleitesía de temor al enemigo, si es que no lo crearon ellos, evocándolo con sus operativos, propensos a fallar cuando muchas veces los desnudan como montaje cirquero con sólo dos policías, cuya especialidad serán las macanas y gases, cuidando amplias esquinas en los pasos hacia la zona que se desea proteger.

La precaución así no vale. Hay que tenerla en cuenta de otra manera, sin desprecio, porque como cita Aaranovitch a JK Galbraith, un desastre se repite cuando su antecesor se ha olvidado.

Esta vez, sin sangre.

Así parecía estar el asalto con armas de fuego en Plaza las Américas en agosto de 2011, cuando se ocultó que hubo un fallecido en el famoso centro comercial. En esta semana, se frustro uno más. No se dio, como en el anterior, la coincidencia de estar allí para ver si hubo avance o indiferencia por lo ocurrido antes. Pero el intento se hizo.

Demorar la apreciación del mundo.

Como se hace por difundir mediante alguna práctica, artística o no, el derecho a los otros. Dos espacios que ofrecen cine gratis, tomaron la diversidad sexual como tema en sus carteleras del mes. Los que no la aceptan, se alejan. No quieren saber, y se escuchó crítica a un profesor que proyectó una cinta del tema a sus alumnos en una escuela de educación básica. Sigue Morelia sin reconocer la práctica homosexual como tradición sociocultural, y pretende mantener el señalamiento sobre ella como una construcción que atenta contra establecimientos, también socioculturales, que inhiben funciones naturales del ser humano.

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