Panóptico. 76

Atentados cerca de edificios de poder…Asesinatos a periodistas…La visita de Le Pen  Rusia.

Sin dejar de hablar de Morelia.

Los atentados en espacios que simbolizan cualidades de poder fueron la nota mundial de la semana. Empezó con el detenido cerca de la Casa Blanca por sospecha de terrorismo; el ataque en Londres, señalado hacia el Parlamento, se dio entre horas del conductor que en Bélgica subió su vehículo a la acera, como hizo el de Londres, dañando a transeúntes, y el asesinato afuera de un hotel de la más alta clase Kiev. En este caso, se apunta a Putin, por la relación que tuvo con el fallecido.

Los controles de seguridad para dar seguimiento a potenciales perpetradores de atentados, en lo que Gran Bretaña parece ir más adelantada que todos, no son confiables por la imposibilidad de vigilar las veinticuatro horas a los sospechosos. Al de Londres, de quien se guardó su identidad hasta un  momento puntual, se le despreció con esa falta de cuidado continuo.

Como él, hay cientos, con la filiación ideológica o religiosa que sea, pero existe la atención, aunque sea a ratos sobre ellos. Se tienen sus fichas de vida. se priorizan sus antecedentes penales, lo cual deja al margen a los potenciales nuevos atacantes.

En Morelia los operativos son teatro barato. Ha sido el tema retomado en los apuntes de esta semana. Se sospecha del atacante camuflado entre la masa sólo en eventos de mucha convocatoria, y se tiene el dispositivo de presunta seguridad, con portales rentados que fallan más que funcionar en la detección de objetos con potencial para ser empleados como armas, pero de uso legal.

Dan la seña para preparar un ataque que no es espontáneo. De levantarse un día pensando en hacerlo, sino de un plan largo, meditado y estudiado con base en la experiencia de pasar por esos operativos y ver la categoría de los cuerpos policiales, de barrio, que los vigilan. Cualquier arma mediana rompería todo el protocolo sin saber de dónde salió el portador.

Se habla de prevención, indicativo de que no se tiene certeza de que exista el agresor o no se le tenga ubicado. O que siga siendo montaje para justificar esos operativos, regalando dinero a empresas de renta de portales detectores, que no se puede ahorrar para comprar los propios.

En eso se va la vida moreliana, en el Centro, después de las granadas. El rescate del espacio público depende del Habitante. De quitarse la mordaza y reclamar la celebración festiva y la libertad de tránsito. De un movimiento de resistencia contra la negación de lo establecido como nuevo, porque esas vejaciones fueron instituidas para quedarse.

Para no volver a vivir en paz, no por el terror, que ese es de los funcionarios, sino por el arrebato de una manera de convivir y vivir que ha sido restringida.

Cuatro y contando.

No sirve, nunca sirvió, gritar ¡Ni uno mas!, como hacen periodistas cuando sucede el asesinato o desaparición de gente del gremio. El año acumuló cuatro en Méjico; Michoacán tiene su historia particular con sede en Morelia.

En una ciudad donde abundan comedias y sátiras humanas, faltaba el aporte del gremio de periodistas y de medios de difusión para tales géneros dignos de cualquier sitial en una comedia humana hecha para la risa del llamado crimen organizado.

Las marchas en protesta por vejaciones anteriores a gente de la región, pautan la cristalización y aumento del divisionismo existente en el gremio de medios, en algunos casos hasta lo personal, con desacuerdos por comisiones que muchos –sin importar si estuvieron ausentes de las reuniones en las que aquellas se formaron- no reconocen como sus representantes, cartas de reclamo entre colegas y compañeros vistas como ejercicio de bahorrina de taberna, desdén al movimiento, presunta desacreditación a periodistas, y hasta traición.

Las asociaciones de periodistas se esconden. No les interesa defender los derechos de los supuestos colegas, por sentirse vigiladas por los altos funcionarios que les pagan convenios de inmunidad, y en algún caso, por no perder a licencia de vender productos del campo en quermeses. Se atraen gente de donde pueden, menos periodistas, los que sí están conscientes de la situación de oficio –o como sea que se le llame a la labor-, y que no encuentran el respaldo más valioso y anhelado: el de su medio.

Cada cual, a veces acompañado, se mueve hacia donde puede tener seguro el plato de lentejas y el vaso de agua de limón, famosos entre la grey moreliana. Familiares de desaparecidos acuden a esas asociaciones que no tienen apoyo entre sus miembros, más que para mantenerlas plagiadas por intereses de grupos sin relación con lo periodístico. Lo periodístico ya va más allá de sólo escribir o de tomar una imagen. Es enfrentar los maltratos y no dejarlos en cosa personal, sólo para que aquellos funcionarios no vean una desunión que todos conocen.

Por ella, el periodista en Michoacán, y en Morelia, no está protegido ante agresiones. Muere uno, contratan al sucesor.

Mensaje ambiguo.

Con misterio, la visita de Le Pen a Putin. Estuvo ella con Trump semanas atrás, encuentro que pareció ratificar la alianza entre ambos, y el apoyo de Donald a la candidata. La cita en Moscú tuvo el mensaje verbal de Vladimir de que Rusia no interferirá en la elección de Francia, en cuya final se espera a Marine. The Guardian propone que quizá se haya mandado el mensaje contrario. Esto sería que Rusia está interesada en la victoria de Le Pen, y habría quedado acordado, o rarificado, su intromisión indirecta u oculta en la elección de mayo.

No suena muy coherente un viaje tan largo para recoger la promesa de que Rusia no se metería en la elección. Porque ella habló de cooperación, y el sustantivo soberanía, y la frase nueva visión, con los que aludió a Rusia, develan de lejos la intención de fijar un aliado. Esto lo indicó Marine al decir que el mundo es el de Trump, el de Putin y el de Narendra Modi.

Aún pudiere haber más viajes de estos, en una campaña francesa que hoy se habría ganado afuera de Francia.

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