Bayern Münich 1 Real Madrid 2. Marcas del clásico.

En dos periodos breves, Bayern perdió el control del marcador, en el primero al fallar Vidal penal del 2-0, y del partido con la doble amarilla obtenida en 3’ por Martínez, dando pasó a un espectáculo súbito del Madrid, que tomó desquita de la posesión que había tenido Bayern, y lo sacó a una danza en la que el único que no participó fue un Neuer lucido.

             Ancelotti buscaba resarcir el 0-4 que con el Madrid impuso en este estadio.

             Zidane siguió agotando variantes ante lesiones.

             Más potente el ataque rojo y más ingenioso el del Merengue, que sufre para armarse.

             De la tenencia estéril del Bayern, al trato estratégico que el Madrid dio al balón.

             Si el ánimo bávaro resistió cambiar el 2-0 por el 1-1, su táctica no la expulsión.

             El Madrid sentó lección de un equipo inmortal en su efectividad.

Una rivalidad eterna por tener cualidades permanentes. Múnich la marca, como sede antes maldita para el Madrid, y donde el Bayern trabajó sus éxitos contra los Blancos. Salvo en dos remontadas hechas por el Madrid en el Bernabéu, la eliminatoria entre estos equipos tuvo sus cimientos en la capital bávara. Por eso, cuando la semifinal 11-12 se escribió aquí Las cuchillas de Múnich. Y la vuelta se vio como un resabio de ídolos. Esta marca es característica en el Gran Clásico europeo, por ser una serie que cuenta entre sus significaciones históricas ser el traspaso del poder. Lo detenta el Madrid y el resabio lo padeció Bayern.

Las expulsiones están marcando el derrotero del Bayern en esta edición. Cuando Arsenal se vio diezmado en octavos, Bayern pasó el rodillo. Esta vez, perdió el partido con la roja recibida por Martínez.

Había hecho un partido aceptable el Bayern. Eligió el vicio de la posesión como estrategia, conveniencia para un Madrid que sabe resistir esos modos y se acomoda para contragolpear. No riñó el Real por el balón. Esperó el momento que con Zidane siempre le llega. Lo produce con las fisuras que provoca en el otro, dando paso a sus individualidades legendarias. En este Madrid juega la historia con cada jugador.

Bayern perdió dos veces el control del marcador. Vidal dio un cabezazo como el del 1-0, ahora tras balón en movimiento. El largo defecto del Madrid, no marcar por alto, le sirvió el partido al Bayern. Después, el penalti. Arturo lo tomó y lo elevó. Terminaba el primer tiempo y el segundo abrió con el empate. Jugado en su rutina Bayern, un cuarteto bloqueó el paso de Robben en la diagonal acostumbrada por el holandés, y de la recuperación de ese balón se dio el despegue de Cristiano frenado por Martínez. Segunda amarilla y de despidió el Bayern.

Favoreció esa tarjeta al Madrid porque Bayern se apostó en 4-4-1 para jugar en espacio largo. Alaba se movió a central para reponer al defensa expulsado. Bernat tomó la lateral izquierda que tenía el austriaco, y Alcántara hizo contención con Xabi. Retirado este, Thiago y Vidal fueron doble ‘5’ y Robben ‘9’ cuando entró Coman para tapar en vano el inacabable espectáculo de Marcelo.

Real Madrid supo el partido en la tenencia. Primero en la del Bayern, para atacarlo en espacio largo, y con el rojo retrasado, en la propia para idear el siguiente gol. Bayern se anunció para mirar el balón y tomarlo para  jugarlo en campo abierto. No lo consiguió y su estrategia entregó el partido a un Madrid cada vez más sapiente en citas altas.

Hasta el cabezazo acostumbrado de Ramos llegó. El regreso desde el fuera de juego del capitán, en una pelota detenida, evitó concluir el desastre muniqués. El 1-3 aguardaría para el Bernabéu, junto con una cátedra inédita de Ancelotti, si su discípulo Zidane la desea tomar.

Análisis.

Secuencias. Concepciones particulares. Bayern, entrenado para concatenaciones prolongadas, consiguió la goleada con ellas, y la malogró. Real Madrid tomó el balón para demorar su sentencia que dio al marcador, y anular a un Bayern de brazos caídos tras la expulsión.

Aire. Encontró pronto la solución Bayern. Cabezazos de Vidal, uno, adentro; el otro, cómodo, afuera. Se quebró el eterno punto flojo del Madrid: en esas marcas. El penalti, segunda pérdida de control del marcador para el local.

Testimoniales. Dos cambios de juego hacia la derecha –Vidal terminó haciendo de lateral por izquierda- y asistencia para penaltis en movimiento de Ronaldo, dieron los goles merengues. Remates con un marcador entre el definidor y Neuer. Falló el último hombre espontáneo del Bayern.

Comando. Cambió de pies con la expulsión. La jugada rompió dos esquemas del Bayern. Primero, el tumulto ordenado para impedir la diagonal de Robben, y en la continuación, la falta de Javi, sin Alonso cubriendo a los centrales. Bayern dejó el balón y el Madrid se lo paseó.

Acomodos. El Madrid ideó el juego adecuado sin  mover esquema. Bale de agotó como lateral, y sin él, Ribèry, su par, también estuvo de sobra en un Bayern incapaz de reinventar. Vidal fue atraído hacia la izquierda, como lateral. Thiago quedó sólo entre líneas, y Coman y Costa no surgieron para lanzar a Robben, nuevo ‘9’. Por derecha, el Real sacó una cuchilla.

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