Copa de Europa. 26 años sin un bicampeón.

Desde la institución del formato Champions league, el máximo torneo de clubes en Europa ha cumplido la promoción de las mayores innovaciones, sin fundar necesariamente escuela, pero alentando la competencia hasta su grado más alcanzable.

Dos elementos hay en la trascendencia de un equipo. El legado y el recuerdo. El segundo es subjetivo. El otro, objetivo. El recuerdo se agranda hasta medir de manera justa, en una dimensión histórica, cuando no hay reiteración de un hecho. Cuando el legado parece asociado a lo irrepetible.

Nadie duda en ubicar al Milan de Arrigo Sacchi entre los mejores equipos en el historial de la Copa de Europa. Era, hasta 2016, el último en haber ganado el trofeo en temporadas consecutivas, algo que sólo ocho veces sucedió, siempre con clubes distintos (Real Madrid -5 Copas consecutivas-, Benfica, Inter de Milán, Ajax -3-, Bayern Münich -3-, Liverpool, Notthingham Forest y Milan).

Eran tiempos diferentes cuando esos clubes hilaron sus coronaciones. Se jugaba con el formato de eliminación directa, más cómodo para muchos por el azar de resolver en dos partidos una clasificación, sin el desgaste físico y emocional de una competición de liga. El cambio de formato obligó a buscar más resistencia de planteles y juego. Para sobresalir en un torneo que por un tiempo tuvo dos liguillas previo a la fase de eliminatoria directa, se podía pensar en fútboles que más que la mera manera de resolver se sostuvieran con un estilo o alguna tendencia. El nuevo formato daba tiempo a desarrollarlos sopesando tropiezos tras los que se tiene más que un partido de vuelta para recuperarse.

Cuando se conoció el cambio, en el Real Madrid, que en las últimas temporadas de la llamada Vieja Copa, contó sólo eliminaciones, se creyó que de haber jugado el equipo de la Quinta del Buitre en un torneo como la Champions, sus posibilidades de coronación habrían aumentado debido al mayor tiempo de reivindicación de un traspié.

Eso al menos hasta la fase de eliminación directa, porque esta se mantiene con la larga escala que es la liguilla.

26 equipos intentaron desde el cambio, el campeonato consecutivo, incluyendo al último campeón de la versión original del torneo (Estrella Roja). A Marsella, ganador 92-93 no se le habilitó para defender su título.

De esos 26 equipos, 11 fueron eliminados por el campeón eventual. 7 antes de la final. 5 la perdieron. 3 cayeron ante el perdedor de la final. 8 quedaron en semifinal. 5 en cuartos. 4 en octavos. 2 en liguilla (Estrella Roja, cuando esa fase era la antesala de la final, y Chelsea)  y 1 en la previa (Barcelona 92-93). 4 veces más el campeón defensor estuvo en la llave de su sucesor.

Qué ha impedido tener un bicampeón en 26 temporadas es pensar en vano. En provocar una justificación inútil. La exigencia que con cada variación al formato (no se estabilizó uno hasta 2003-04) había de aumentar la competitividad se vio auxiliada con la ampliación y la falta de límite a la contratación de extranjeros para conformar plantillas de un poder teórico pocas veces visto. Pese a esto, ningún club consiguió establecer un reinado de tiranía desde el Bayern Münich, ganador en 74, 75 y 76.

Un campeón siempre es referente. Nunca, empero, como la mayoría de los que ha tenido la Champions league. Ya no se juega sólo para derrocar a un monarca. Para eso se tiene que derrotar a un estilo desarrollado y curtido por varias temporadas. La referencia llega a ser emular el éxito con un estilo de duración prolongada. Sólo así se cree en la garantía de un proyecto.

Y a pesar de todo, no surge un fútbol de consistencia; de coronación consecutiva. El Barcelona de Guardiola, el equipo con mejor promedio de resultados en cinco años (nadie alcanzó sus cifras en estos 26 años) quedó sin superar un juego italiano clásico. Sus eliminaciones por el Inter de Milán de Mourinho y el Chelsea de Di Matteo, le negaron ese certificado. De triunfos ante cualquier oposición fueron el Milan de Ancelotti y el Madrid con Del Bosque sin dar para más que coronaciones en años alternos, a lo mucho.

Europa vive en el segundo decenio del siglo XXI una sucesión de equipos de época. Los de las cinco ligas mejor clasificadas por la Uefa no pasan por la Champions sin dejar su marca. Con modo o estilo para interpretar y resolver el fútbol, con sistemas estudiados para hacer la decodificación o deconstrucción del campeón, para imponer la primacía de una nueva vanguardia.

Pocos sientan escuela. Porque la vanguardia es exclusión. Es privativa de un modo particular que no extiende del fútbol. Es juego de un solo equipo, que no permea a los otros de su cultura. La Juventus de Lippi o el Bayern de Heynckes son de los escasos que forjaron tendencia, porque, reza un viejo principio lingüístico (de Verdryens) que “para apreciar la naturaleza de un cambio no basta considerar a un individuo aislado.” Se requiere extender, en este caso, el fútbol para que se haga regla con la adopción que otros hagan de una práctica, y, sigue el manual del personaje citado, “los cambios a veces son una exageración de la tendencia natural […] son sintomáticos por cuanto denuncian las partes débiles del sistema; enseñan en qué parte la resistencia en menor y en qué sentido las nuevas tendencias amenazan.”

Eso es a nivel interno de la cultura. El fútbol periférico, el que no siempre parte hacia el núcleo de la cultura para permearla, es el que en la internacional realiza la denuncia. Termina con la vanguardia del campeón sin reconstruir la cultura y sin hacer la nivelación con una etapa precedente, la del campeón, porque se trata de un periodo de relevo sin elementos de transición. Aquí se vuelve a lo anotado varias veces de que un sistema de juego es una necesidad de funcionamiento temporal, de un momento, alejado de interpretaciones filosóficas.

Cuando en la Champions hubo imposición de la interpretación filosófica personal, el progreso se acabó. Porque, se escribió en el caso de la final 13-14 y del Real Madrid de Ancelotti, el estilo se convierte en necedad que no aporta ni busca soluciones. Cree en sí mismo y nada más, sin aceptarse, quizá, falto de universalidad para hacer adecuaciones que respondan a lo que le plantea el rival.

Casi cada campeón de la Champions (sino es que todos) afirmó un modelo de juego que lo identificó, y mantuvo su condición referencial sin establecer relaciones de equivalencia con otros equipos de su cultura, con lo que preservó su cualidad referencial. De esta manera, esos equipos de convirtieron en símbolos. Y el símbolo llegar a resultar perjudicial porque desplazada la vanguardia, se devela que esta es sólo una moral de la forma correspondiente a la situación de su tiempo y no a un modo de extender, sólo de pensar el fútbol. No aspira a modificar patrones ni adopta la exigencia de un lenguaje libre al no establecer conflicto con su cultura, y esto constituye el paso hacia la procura de una identidad.

Es el lenguaje alcanzado excepcionalmente que atenta contra los valores y principios de toda cultura, pero en la Champions pronto ha encontrado coto, a veces en una contra táctica (como la de los verdugos del Barcelona de Pepp) o en el desplazamiento de sus fundamentos por una que crea su propio momento.

Si los equipos que hilaron coronaciones eran de otro torneo, la Vieja Copa de Europa, su legado, en modos de planeación y escuela, siguieron vigentes. Los fundaron sin los respaldos de los equipos de Champions, que con sus contrataciones ilimitadas y plantillas extensas formadas para la máxima competencia, como no se había visto en el torneo, no consiguieron emular la titulación en años consecutivos.

Primera edición: 20 de enero de 2015.

Actualizaciones (a la estadística).

15 diciembre 2015, 14 abril 2016.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s