Lisonja y vituperio con las preseas en Morelia.

Lisonja y vituperio con las preseas en Morelia.

 La ignorancia a los reglamentos de las mayores condecoraciones en Michoacán, y el teñirlas de colores particulares con recipiendarios usados como banderas partidistas, se establecieron como constantes en el derrotero de varias de ellas en las dos primeras décadas del siglo.

Después de críticas ciudadanas por la haber entregado preseas municipales y estatales a personas o instituciones que no cumplen con los requisitos, o que ejercen prácticas que por inducción de instituciones como las que conceden las preseas son denostadas por la misma gente, la más reciente fue a parar a la institución que licenció a muchos de los mayores delincuentes en el historia de la burocracia michoacana.

Por lo menos, se ha otorgado, o simulado, la transparencia que no se tuvo para designaciones anteriores. Un recuento del seguimiento que en este blog se le dio a las dos preseas más publicitadas en el estado, muestra, incluso en voz de gente que formó en los procesos de selección, que se antepone lo pasajero, lo que integre lo destacado de un día a un grupo, a la trascendencia histórica. Y que, por supuesto, los reglamentos, como casi la totalidad en el estado, son letra muerta.

En 2013, desde la sesión de cabildo para designar a su recipiendario, el reconocimiento ya tenía cosas anticipadas. A los medios se convocó a la sesión, cuatro días antes de la entrega, para devolverlos por su camino ya que entonces se le dijo que la sesión se suspendía.

Pero se llevó a puerta cerrada, negando al ciudadano el derecho de publicidad directa implícito en la que indica que las sesiones deben ser públicas. La orden del día incluía proponer el cambio de sede de la sesión solemne en que se entrega la presea, pero a para ese día, publicidad de luminarias de avenida ya estaba hecha anunciando que sería en un teatro a las once de la mañana. No en toda la ciudad se colocaron esos carteles, y a las seis de la tarde del día 18, llegaba gente al Palacio Municipal para presenciar la ceremonia.

El vituperio había estallado con la designación del Ejército como recipiendario. El Reglamento para la entrega de la condecoración -Presea del Caballito se le llamará aquí- del municipio de Morelia, Michoacán, o se veía irrespetado con la decisión, ya que en su introducción, su artículo tercero reza:  “Que dicha Condecoración fue creada con la finalidad de honrar la memoria del Siervo de la Nación, mediante su entrega en recompensa y gratitud a aquellas personas que se distinguieran en las artes o en las ciencias, así como a aquellas personas que por sus elevadas virtudes cívicas hayan honrado a la Ciudad de Morelia, al Estado de Michoacán o a la Nación, y así consolidar el espíritu liberal del pueblo de Morelia.

Redunda en el cuarto: “los acreedores a recibirla deberán ser aquellas personas que se distingan en actividades artísticas y científicas, así como aquellos que por sus elevadas virtudes cívicas hayan dado honra y prez a la Nación, al Estado o a la Ciudad de Morelia.

Hasta la sesión, en palabras de un miembro de cabildo con el que se habló, el procedimiento, como lo marca el Reglamento, aprobado en 2002, no tuvo mancha. Se formó la Comisión evaluadora de preseas municipales y se seleccionaron cinco propuestas finales. La irregularidad consistió en la el cierre de puertas para la sesión.

Dijo que la designación se hizo a propuesta del encargado de la presidencia municipal, y lo demás, fue “por decisión, o no sé cómo definirlo”, del mismo individuo. Al hacer privada la sesión “se cerró la posibilidad de que la población conociera el proceso de (cómo y) a quién se le entregaba.” -¿Qué pasó allí? –“Hubo poco debate. Al final se votó por el Ejército y por la propuesta del señor Agustín Cárdenas. Argumentaron algunos integrantes de este órgano colegiado (se refiere al cabildo) por qué el Ejército. Eso habría sido lo importante (de haber sesionado con público) de que hubiéramos conocido los motivos por los que se inclinaban por su propuesta y escuchar los argumentos.

La lectura política de la presea tiene antecedente de buscar imposición, aunque ahora no sé sabe si de una decisión propia, o como el caso de la otra presea involucrada con este apunte, -la del señor que está en la plaza adjunta por la izquierda a catedral- cuando en vez de buscar la conciliación y tal vez pensar en entregar dos preseas, el mismo sujeto, en nombre de su partido, se aferró a concederla a Guillermo Pérez Sandoval, de fama efímera, porque era una figura como las que buscaba el partido para promover su nueva imagen entre la gente joven de México. Era le edición 2009 de la tal presea.

Esto dijo el hombre cuando, para estas notas, se le preguntó el por qué de esa presea:

Precisamente porque nosotros no quisimos politizarlo, es que la propuesta inicial fue el astronauta michoacano; otros dijeron que era michoacano, pero no de origen. Entonces propusimos a Rafael Márquez, porque es un michoacano, también joven sobresaliente, que ha tenido una carrera destacada como atleta de alto rendimiento. Buscamos gente que nos diera esos perfiles; hicimos el esfuerzo para que (Márquez) viniera, pero la directiva (del Barcelona) no lo dejó. El perfil más cercano a los que te estoy dando fue el de Guillermo Pérez, porque buscamos el reflejo de un joven de la cultura del esfuerzo, para decirle a la gente que se puede venir de abajo a partir de tu esfuerzo. Esa fue la premisa por la que nos guiamos. Hasta allí no hay ninguna politización. Como no la hubo de nosotros hacia (otra) propuesta.

Cómo explicar”, no es lo mismo que justificar la decisión. El artículo primero del decreto de la presea del hombre de la plaza indica que esta debe entregarse “a personas o instituciones que se distingan por haber prestado servicios eminentes a la República mexicana o el Estado de Michoacán.” No entran en esto valores que se promueven mediante personajes cuya actividad es de beneficio particular. Con eso no se busca a quien merece una presea, sino a quien puedan utilizar públicamente como símbolo de ideales partidistas.

O como conveniencias gubernamentales.

En la entrega de la municipal 2013 al Ejército, no es nítido el respaldo del reglamento de la presea. Se le planteó al entrevistado correspondiente la interpretación del artículo 3 de las disposiciones generales del reglamento, porque dos incisos rezan que el recipiendario debe b) Ser de reconocida calidad humana, y, c) En el caso de Instituciones, estas deberán de haber realizado reconocidas labores altruistas y acciones sobresalientes de beneficencia, tendientes a mejorar el estado físico y dignificar la calidad de vida de los habitantes del Municipio de Morelia.

En un comunicado el entrevistado había sentado su parecer:

MÁS PRESENCIA DE LAS ARTES Y ACTIVISMO SOCIAL EN LA ENTREGA DE LA PRESEA MORELOS…La máxima condecoración anual que entrega el Ayuntamiento de Morelia es una oportunidad para exaltar las aportaciones de la sociedad civil, consideró después de desecharse la propuesta de reconocer a un muralista .

Morelia, Mich. 16 de mayo de 2013.- Al darse a conocer la designación del Ejército Mexicano como ganador de la Presea 2013, y de que se desechara la propuesta de otorgar el reconocimiento al muralista, autor de los murales realizados en [instituciones] el funcionario señaló que “un gobierno civil debe reconocer a las personas y organizaciones de carácter civil. Reconozco y respeto la labor del ejército como una de nuestras más importantes instituciones del estado mexicano, y que su labor en la actualidad se realiza en apego a las órdenes recibidas por su comandante, pero también considero que el otorgarle la presea no corresponde a la naturaleza de la condecoración ya que las instituciones de seguridad tienen sus propios mecanismos de reconocimiento.

La entrega de la presea es una gran oportunidad para reconocer a aquellas persona u organizaciones civiles que se distinguen en las artes o en las ciencias, o por sus elevadas virtudes cívicas como puede ser su destacada trayectoria en las defensa de los derechos humanos, la concientización social o la participación organizada para construir una sociedad más justa y democrática, por eso es que voté por el muralista.”    

Manifestó su desacuerdo hacia la decisión de realizar la sesión de cabildo a puerta cerrada, lo que contraviene las disposiciones municipales que ordenan que las temáticas de este tipo deban analizarse a puertas abiertas, con la presencia de los ciudadanos interesados y de los representantes de los medios informativos

“No había motivo para que tan importante acontecimiento (la deliberación para definir al ganador de la presea), en el marco del aniversario de la fundación de Morelia, se realizara en secrecía, ya que la ley marca que estas sesiones deberán ser públicas. Al hacerlo a puerta cerrada se cerró también la oportunidad a la sociedad para conocer el proceso de designación del ganador de este reconocimiento”.

Queda en cada cual si hay partidismo en las declaraciones que se apegan a los reglamentos. Continúa siendo oscuro el de esta presea en cuanto al perfil de recipiendarios como las fuerzas armadas. En la conveniencia de proseguir la militarización del Estado, y denotar la imagen de seguridad y bienestar sociales que el gobierno estatal quiere y necesita promover de Michoacán, la Presea 2013 toma su justificación del inciso C del artículo tercero.

La presea quedó despojada de su fin primario para hacerla objeto de cambio, medio de identificación del gobierno y la forma en la que quiere trabajar. Hicieron de la presea una lisonja; la gente de artes, ciencias o deportes, no suele corresponder con acciones al reconocimiento que recibe con una condecoración. El Estado, no Morelia,  recibió el beneficio de esta entrega.

No cabía (ni se pensó), conciliar y conceder dos preseas, como se había vendió haciendo en años consecutivos, porque entonces no se habría respetado el reglamento, que en el artículo 4 de sus Disposiciones generales, ordena que No podrán entregarse más de dos preseas anualmente (valió el artificio de consensuar para ello, vendiendo el reconocimiento a una labor por la sociedad moreliana, y también una hecha por el patrimonio de la ciudad. Cuando se le entregó la presea a un ingeniero que proyectó varias obras de la ciudad, empero, no se acordaron de los canteros, siendo que un manual usado por ellos desde cuatrocientos años atrás, ha servido de guía para labores como la del ingeniero.)

A la ciudadanía, a la cual ya no es posible engañar, ahora le pasaron como trapo por la cara los atropellos que ella misma denuncia porque dice haberlos padecido.

Que la Cruz Roja, herencia del porfiriato, y una escuela que educa para tomar calles y carreteras hayan sido designadas, para la edición 2008, recipiendarias de un reconocimiento que sólo debiera estar al alcance de los hijos pródigos de Morelia, o de quienes le han hecho un aporte benéfico a la ciudad, pareció otra mofa.

De la institución suiza, se reclamaban ocho mil pesos arrancados a miembros de la milicia local, sin decirse si para darles un destino tan sospechoso como el de las tradicionales colectas, cuyos fondos no sirven para la atención gratuita.

Con la otra presea.

La que lleva el nombre del señor de la plaza, ha estado salpicada de desacuerdos que hacen inconcebible la pluralidad. No ha tenido por cualidad ver determinado su destino mediante un análisis a conciencia, dejando que la impresión se impusiera a la razón. Un legislador en 2011 no se guardó decir que esta presea es barata y oportunista. La presteza con que se decide su destino, no permite apreciar, a quien no conoce a los candidatos, mínimos valores profesionales y menos personales de estos.

Músicos, científicos, y otros que han hecho carrera fuera del país, por haber sido ignorados en él, por sí solos no cumplen el artículo primero del decreto de la presea, el cual indica que esta debe entregarse “a personas o instituciones que se distingan por haber prestado servicios eminentes a la República Mexicana o el Estado de Michoacán.

Reconocimiento personal, utilizado para cumplir un trámite que se hace vulgar por la indiferencia de varios de los llamados diputados. Otras propuestas no entran en lo ordenado por el decreto, ya que este limita en su artículo tercero la convocatoria a órdenes de gobierno y universidades, y algunas porpuestas llegan desde asociaciones civiles.

La presea encuentra en reconocimientos como los que ha hecho o buscado (mencionados en el apartado anterior), banales para su espíritu, medios de promoción partidista. Era absurdo entregar la presea a Guillermo Pérez Sandoval porque lo suyo fue cosa de un día, sin saber si tendría continuidad. Y ese mismo 2009, el joven no sorteó las clasificatorias para los siguientes Juegos olímpicos.

Esa presea la impulsaron usando a Memo como emblema de los valores que un grupo promueve, para identificarse entre los jóvenes, de ideales de basar las esperanzas en la juventud.

Con acciones así se desvaloriza la presea. Fue el motivo de concederla al Morelia, que sin haberle ganado nunca a nadie la recibió por haber obtenido uno de los campeonatos de broma que se juegan en Méjico; y a Pérez Sandoval, por haberse colgado una medalla dorada en unos Juegos olímpicos, cosa tan escasa en la historia del deporte mejicano, pero que, como lo del Morelia es algo que impresiona más a la fantasía que al sano juicio y al espíritu de la presea porque ninguno de esos logros aportó beneficios trascendentes a Michoacán ni al país.

De nombres tan intrascendentes para el estado y la nación, como los mencionados, se valen los grupos para hacer de la presea un objeto desbordado para promociones oportunistas, mediante mitos, verdaderos o de los que llenan un concepto vacío (como los deportistas). A Rafael Márquez, a quien quisieron poner como ejemplo de los jóvenes, pese a su amplia lista de expulsiones por violencia vulgar, y a un intérprete, que desdeñó la presea municipal en 2014, los descartaron porque a uno no lo dejó venir su equipo, y al otro no lo localizaron.

Esto indica que no se busca a quien merece la presea, sino a quien puedan utilizar públicamente como símbolo de ideales partidistas, rozando ridículos como la nominación de un astronauta, michoacano de membrete, por reconocer a un personaje que el estado y el país despreciaron al no concederle el apoyo que tuvo que buscar en otra parte para alcanzar el mérito de recipiendario.

El legislador entrevistado vio la situación abaratada en una dinámica de oportunidades, porque la presea reclama haber hecho cosas importantes, no una, para hace insigne al recipiendario.

Lo son varios de los recipiendarios en sus comunidades, pero en ellos se reconoció a un grupo y a una identidad que no son todo ellos. Para eso hay otros reconocimientos.

 

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