Dawn of the felines. Reivindicación de las antiheroínas.

El regreso del Roman porno a través del recorrido que, mediante el acto sexual, configura al sujeto semiótico y su papel en un mundo que no obstante los cambios en la comunicación mantiene una práctica incambiable en la cultura.

El resurgimiento del cine erótico y pornográfico producido desde Asia, reclama reconocimiento con la reanudación del proyecto Roman porno, que los estudios japoneses Nikattsu hicieron de 1971 a 1988. Lo produce el director y guionista Kazuya Shiraishi con una historia resistente a las innovaciones del mundo, sustentadas en la tecnología, por tratar un tema primario en las relaciones humanas. Una agencia de prostitutas es el espacio desde donde se distribuye la trama.

Una agencia. Ya no son las esquinas de las calles el sitio desde el cual se da el desplazamiento del sujeto erótico hacia el receptor de la pasión. Las maneras de contacto cambian con los tiempos, no la forma y el modo de las relaciones físicas.

No es una evolución de la prostitución. Esta sigue siendo lo mismo, y lo será en todas las épocas. Su institucionalización es lo que se muestra, pero continúa siendo sin intermediarios. Sólo está el obstáculo del ordenador, el dispositivo que hace un sujeto nodal porque no puede interactuar sin este.

La película, que ha comenzado a pasearse por festivales europeos (a la espera de ver qué título le da la inventiva eufemística en español), no es quizá para grandes alturas. La saca adelante la fuerza expresiva de sus personajes, especies de antiheroínas, porque reivindican a su género, mediante la violación a la coacción social que delimita el proceder de una mujer por su estado.

Masako, mujer sin hogar; Rie, casada insatisfecha, y Yui, madre soltera (Ihata Juri, Michie, y Maue Satsuki las interpretan) van más allá del papel que a cada una de ellas le asignan los códigos sociales, para encontrar la satisfacción, no tanto la felicidad.

El recorrido que configura al sujeto semiótico también se da por las calles de Tokyo, donde aquellas mujeres toman más clientes en el querer-ser del sujeto en el binomio escape-búsqueda que se ha visto en películas eróticas y pornográficas. Ese es el fin del desplazamiento, dentro de una morfología del texto erótico y pornográfico que deberá extenderse.

Cada cliente es una huida de las mujeres hacia otro espacio que prolonga interminablemente el querer-ser que se expresa en sentimiento más de culpa que de satisfacción, y se funde con el del otro. La escena donde una de ellas intenta seguir el intento de suicidio del viejo que la tiene afiliada permanentemente, es la cita contundente.

Un estudio de la soledad humana, relata South China Morning Post, con ruptura continúas en su fluir porque las escenas de sexo son continuas, lo que acerca a las protagonistas al modelo ideal del personaje erótico, saltando de cama en cama, dentro de una sociedad aparte, intratable por los cambios en el establecimiento de las relaciones humanas. Las reivindica presentándolas en el último de sus actos consumados. El que no necesita de ordenadores ni otros dispositivos porque el vertimiento del cuerpo humano es lo que da a la pasión su valor semántico.

El amanecer de los felinos es otro relato de quien acoge la pasión.

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