Europeo sub 2017. Semifinal. España 3 Italia 1. Mitos deshechos.

Italia no planteó la batalla típica que en cada encuentro con España, porque no hizo la parte que lleva en ella: mantener la resistencia en defensa, porque la Azurra hoy mira más hacia el frente, y España entiende que no debe viciarse en entrar al área tocando, y definió con tres misiles de Ñíguez.

             Como en mayores, expectativa: escuela clásica contra contemporaneidad.

             Conjunto defensivo italiano contra recitalistas goleadores.

             En toda categoría, España domina e Italia siempre la atoraba. 

            España fue la misma de estos tiempos en todas las categorías, y la Azurra no aprobó en su transición hacia un estilo. 

            No impactó la expulsión, cubierta por Italia. 

            El goleo de Saúl, posible por el espectáculo de los extremos.

Ya no hubo batalla de Florencia ni de Viena o Gdansk. La España de este siglo en todas las categorías aprendió a jugar contra Italia. El pendiente que tenía desde 1920. Sobre Italia, más que sobre Alemania, debió pasar la Furia, con sus filiales, para inscribirse en el grupo de grandezas. Eran distintos, muy particulares, los Italia-España en mayores. En menores -si a unos sub 20 que además ya cobran en nóminas de estrellas se les puede llamar tales- el dominio era compartido entre ambos.

Italia busca asomar con un estilo. En eso, España la aventaja. No fue cuestión de tenencia hoy. La Azurra entendía que el balón sería de España, porque a la Furia no es conveniente disputárselo. Se entraría con ello en el riesgo de una batalla vana. Hay que arriesgarse haciendo lo propio. Estudiar los canales de comunicación de España y con pocos toques de balón inquietarla.

Italia concedió todo. Por su hormigón abierto surcaron misiles goleadores. Sus ataques inconclusos obsequiaron el contragolpe español. Con Deulofeu y Asensio se sirvió un espectáculo de angustia para la Azurra. Faltó la cereza. Sandro estuvo fino y oportuno, pero más anticipado fue el bloqueo a sus remates.

Nunca claudicó Italia. Le expulsaron al imprudente Gagliardini, y Locatelli lo cubrió. Con 4-4-1 el trámite no varió, sólo que Bernardeschi quedó sólo en la delantera sin Chiesa, el sacrificado para cubrir la expulsión, y Petagna. Cerri sustituto de este, fue un ‘9’ para todo. De área y fuera de ella. El “10” quedó a cargo de asistirlo y fabricar, pero sólo ellos tenían capacidad ofensiva.

El resto de italianos eran soldados rasos, para la batalla y no para el pensamiento ni el alarde. Pelegrini, el más notorio, tiraba sus restos en remates lejanos. Algunos llegaron hasta Arrizabalaga, al que no tomaron en frío, pese a su intermitente actividad, Y lo activaron con esos remates distantes que temen los porteros, que no ven salir el balón y lo ven hasta que les va de frente.

Un solo jugador, Llorente, organizó como no el trivote italiano. Y España fue la misma de los más recientes diez años. Su diferencia estuvo en no contar con la resistencia en la que Italia la tensa y la lleva hasta la última definición. 

Análisis.

 Entrega. Italia entregó el resultado por su última defensa, abierta. Que España tocara o jugara en espacio largo estaba en la previsión de Di Biagio. Así tenía que ser, pero, primero, Saúl surgió ante Donnarumma entre doble marca (1-0) y después metió ráfagas contra contenciones distanciados (2-1 y 3-1.)

Ibídem. El 1-21 tuvo el mismo defecto. El movimiento de Bernardeschi, se sabe, era para rematar, y el débil bloqueo de Vallejo, que le desvió el balón al portero, evidenció la falla. Circunstancial, pero la defensa quedó muy abierta.

Inalterables. La expulsión no influyó. Chiesa no funcionaba, e Italia siguió con diez, como hasta entonces, con 4-4-1.

Superioridad. Italia perdió balón en ataque y sirvió así el contragolpe español. El 3-1 lo vio. Iban cuatro contra cuatro, pero al final quedó un español suelto y Ñíguez volvió a rematar entre dos.

Niveles. España jugó como España. Italia como un equipo en transición que busca basarse en el trato del balón. No tan continuado, pero sí para pasearlo más. Equivocar pases cuando atacaba, provocó que la tomaran a campo abierto, sin su contención.

 

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