Copa Confederaciones 2017. Semifinal. Alemania 4 Méjico 1. Una noche eterna.

Un equipo que se crea el momento y las oportunidades de gol y tiene alta capacidad de concluirlas, y uno que lo buscó y tiene delanteros ineptos respaldados por un grupo de ilusos en la zona donde dominaron ilusionistas alemanes, entregaron un partido rutinario en el historial mutuo y particular, en donde siempre ganan y siempre pierden los mismos.

             Sin más ensayo, Alemania chocó contra una selección indefinida en comportamientos.

             En la punta estaba la mayor decisión de Löw, porque los ‘9’ que usó le respondieron.

             La Mannschaft, equipo de ráfagas goleadores y el Tri de regresos.

                       La fórmula de Alemania de marcar en una ráfaga dos goles, le acercó la Final.

             Presionado con el 0-2, el Tri no puso en frío su cabeza ante una selección que jugó con el colchón de su marcador.

             Lôw hizo cambios para dar descansos, y Osorio no encontró los suyos.

Era la noche de una historia. Desde el 7’, la de Méjico y su permanente cita con el inédito de pasar sobre un histórico en un campeonato mundial. Y la de unos jóvenes alemanes cuya aspiración a largo plazo se limita a ganar este torneo indeseado de jugar por selecciones europeas. En el 7’, la historia estaba servida. Era, desde entonces, la búsqueda de esa gran noche de los Ratones Verdes. Porque para tenerla, regresar desde un 0-2 ante Alemania era ideal. Pero si en la historia de la Mannschaft la situación hasta ese minuto era rutina, era nueva para un grupo de cadetes despojados del nervio que algunos tuvieron en los tres partidos anteriores, y que repitieron la fórmula de sus mayores.

No dejar jugar ni pensar a Méjico. No darle, como a Australia y Camerún, tiempo de recuperación al gol encajado. En menos de 120’’, un 2-0 indicaba el camino hacia la Final. Löw continuó gozando de un catálogo inagotable de cambios. Stindl y Werner, junto a Ronaldo líderes en el goleo del torneo (2) le respondieron cada cual en la alineación que tuvieron. Los juntó a los dos en su 5-4-1 que vio a Kimmich por primera vez como central en la Copa, y regresó al inconmensurable Goretzka. Con Rudy, un ‘5’ clásico en el que expresan las cualidades de los grandes todocampistas alemanes, cualquier  esquema y sistema es confiable en esta Alemania.

Una Alemania de una sola vez que no volvería a formarse, con capacidad para hacer histórico su breve momento. Draxler, el otro miembro del tridente, hizo con Lars y Leon, las transiciones.

Enfrente estaba otro técnico de rotaciones. Las hace Osorio por necesidad. Löw por experimentar sin tener que perder. Juan Carlos tampoco tiene que perder, pero compromete la confianza en su juego con la demora en encontrar una alineación para el sistema que pretende.

Volvió al 5-3-2 sin recuperador. Cuando quiso enderezar pensó en Márquez. Con este, Fabián y Lozano tiró su resto ante un partido que Alemania había madurado. No se supo Méjico en la trampa, o no entendió el partido de orientar todos sus esfuerzos en busca de regresar desde un 0-3 en 30’, cuando Alemania tenía premeditado su contragolpe con el escapista Werner. Él entretenía a los marcadores; cuando tocaba, una armada guardaba posiciones en cada destino posible del balón.

Con esa, la manera de los equipos alemanes actuales en toda categoría y nivel, Alemania llevó su partido postulando a sus cadetes a más que un campeonato honoris causa.

Una generación mejicana más que se queda en sus palabras de intentar, y otra alemana involucrada con una historia que sin hablar ni prometer se escribe con triunfos. En la cancha. Fuera de ella viven su historia los verdes.

Análisis. 

Estrategia. Quedó en teoría la de Méjico porque Alemania aplicó una que domina. Presionar y robar de inmediato. No dejó tiempo de recuperación del 1-0 y el Tri no tenía estudiado ni contemplado que Alemania, tras anotar, de inmediato recupera el balón para procurar otro gol. El 2-0.

Fantasmas. Las conclusiones de esos goles costaron poco. Los marcadores tricolores vieron pasar a los ofensivos alemanes que los quebraron en el uno a uno. Una defensa con cinco sin barredora tuvo Méjico.

Satélites. Tampoco estudió Méjico los parados alemanes. Al atacar, Alemania distribuye jugadores en cada destino posible del balón. Y de remate, en el 3-0. Layún creyó concluida la jugada y dejó su zona. Hacia allá asistió Draxler a Hector y Werner recibió desmarcado. Méjico se olvidó de la jugada alemana y sus protagonistas. El 4-1 tuvo estructura similar.

Saques. El peligro verde llegó desde balones detenidos. El ingreso de un contención, Márquez, sirvió para cabecear. Dos saques de esquina. Jiménez lo hizo en un tercero. El 3-1 llegó en el laboratorio de un golpe franco en dos toques.

Eficiencias. Löw alterna jugadores para ensayar. Hizo cambios para guardar jugadores para la Final, y su sistema y esquema no necesitaron ajuste. Y contó con jugadores para el partido que ideó. Goleadores infalibles en periodos puntuales.

Osorio cambió nombres por no tener más con los cuales armar una alineación acorde a sus ideas, y si llegó a crear goles que lo metieran en la disputa del marcador. Volvió a verse sin delanteros de categoría internacional. El remate elevado en el 34’ era el 2-1), ocasión irrepetible.

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