Panóptico. 287

Bolsonaro, a lo Trump…Referendo en Rumania…Los demás y Morelia, esperan.

 Incertidumbres, y sólo una certeza dejaron las jornadas electorales, y una rutina.

Como espejo.

La pregunta se hizo seria: ¿se puede detener a Jair Bolsonaro? Quedó como líder en las preferencias para la elección presidencial en automático, porque Lula Da Sila, su casi exclusivo rival en la carrera, declinó su candidatura, al borde de ser vetada por un tribunal. Pero respondió Jair, desde la cama de hospital a la que lo llevó un atentado que pareció histrionismo del candidato, y después desde su casa, donde alegando reposo, permaneció mientas se realizaban dos debates, los últimos del periodo de campañas, en los que Jair no recibió compasión ni apoyo al papel de víctima que al menos por un momento tomó con el atentado. Todo se le acomodó para llevar el final de su campaña en espíritu, y comparecer ante el público el día de emitir el voto.

Nadie le salió al paso en la dirección que control remoto hizo de su campaña, aunque le faltaron menos de cinco puntos porcentuales para dejar sentenciada la elección el domingo. La segunda vuelta no despeja las incógnitas que en la elección abrió la participación de este candidato que, como su impulso con el aumento de casi el treinta por ciento en las preferencias del electorado tras la renuncia de Lula, justifica ser la versión brasileña de Donald Trump, en quien confesó estar basado, y con argumentos y retórica como la del estadounidense, calcó el éxito, aún parcial, de su campaña.

Sus frases de denuesto en contra de grupos sociales, su demandado misoginismo, y asumirse como el salvador de un país al que divide, esquemas que funcionaron en Trump, lo ponen como un personaje de reserva en el historial político latinoamericano. Después de Trump, y del Brexit, se escuchó mucho, todo podía esperarse, pero lo de don Jair parece aparentar que aquello era sólo un decir. Él era lo que faltaba.

Un fenómeno extraño, reproduce The Washington Post: “Bolsonaro is a strange phenomenon,” said Lucas de Aragao, director of Arko Advice, a political risk company in Brasilia. “It’s very hard to understand his movement, the why, the how. It doesn’t have any precedent in Brazil. Even some Lula voters are turning to him. It’s happened because Brazil loves this idea of a savior, of a hero. And Bolsonaro now represents this image of a savior as much as Lula does.”

En el viejo esquema del cuento de hadas, Bolsonaro se pone como el héroe de la víctima: Brasil, pero no queda claro quienes desempeñan el papel de los villanos. Culpa de los males de país a los homosexuales y a los drogadictos, pero también al sistema que siguió a la dictadura, de la cual él se declaró partidario: I’m in favor of a dictatorship! We will never resolve grave national problems with this irresponsible democracy,” the politician, who has been described as a blend of Hugo Chávez and Chilean dictator Augusto Pinochet, told Congress in 1993.

Pero, y hay tantos peros en torno a su figura que delinean a personaje (un personaje es aquel que puede cambiar a su país, dijo un analista de televisión mejicano) sobre el que converge un país. Porque lo une en torno a su figura, creada con sus retórica, o lo divide. La Constitución brasileña abolió la dictadura, y Bolsonaro dice que cree en ser esclavo de ella.

El resultado parcial de las elecciones expuso una división, a partir de la figura de Bolsonaro, a la que algunos no le ven visos de terminar. Las clases altas lo apoyan; parta de las bajas o medias prefieren al candidato de Lula, Haddad, el otro clasificado para la segunda vuelta.

Violencia y valores de autoritarismo son cartas que el electorado respaldo el domingo en las urnas. La propuesta de la vuelta al viejo sistema, porque el nuevo no convence al pueblo brasileño, aunque no haya votado por Bolsonaro, quien recoge los esquilmos de la corriente de extrema derecha que sí ofrece en la práctica cambios sociales.

Y como Trump, Bolsonaro, habla, calla y deja que todos hablen de él. Hasta con noticias falsas en las que como Donald, es líder en su país.

Lo querrían allá.

Alguien replica ideas. Bolsonaro o los social demócratas rumanos que consiguieron un referendo. El mismo día que en Brasil se votaba, en la región de los Cárpatos se realizaba esa consulta que buscaba evitar los matrimonios entre personas del mismo sexo, poniendo en la boleta si se estaba de acuerdo en que especificar que las bodas fusen sólo de hombre y fémina.

Faltó mucho voto para la aprobación, y Adam Coman, rumano que se llevó a su país a su marido extranjero, pudo respirar mejor.

Anticipos.

La elección de Camerún no ha dado voz oficial a sus resultados, aunque el opositor se declaró ganador. El resultado seguro llega antes que en Morelia terminen de reparar las calles del centro destrozadas por maquinarias que sólo levantan el pavimento para volverlo a poner. Y es que con la autoridad del presidente de Camerún, el otro candidato, seguro se resuelve rápido el misterio electoral. Entre lluvias y apatías, Morelia estaría pensando en volver a ver vehículos por esas calles para las festividades de diciembre.

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