Milton y este blog.

Código de ética…Manual de redacción.

Código de ética.

Este texto es explicito, y proviene de un blog anterior, iniciado en 2005. Desde entonces, se detallaron conceptos inmanentes del antiperiodismo, término que –fue un poco sorprendente saberlo-, de acuerdo a los buscadores de internet, sólo había sido definido como unidad cultural, por Milton; lo que no es sorprendente es su efecto (seguro de que, como la labor de un hombre solo, no lo ha hecho sentir totalmente), pues cumple, como se expuso en aquel texto primo (“Las Inmanencias de esta página”) su función periférica respecto al periodismo, del cual absorbe los comportamientos dejados por éste (al menos en Morelia) de investigación, crítica y análisis, pero no de persuasión.

En el antiperiodismo la ética, en su carácter denotativo de la conducta humana, ha de distinguirse en un carácter particular, no general, por la diferencia de los individuos, lo cual la establece como heterogénea; es por esto que en el antiperiodismo, antepone lo racional a lo moral, procurando, como en la ética del Filósofo, una prudencia que medie entre ambos comportamientos.
El antiperiodismo muestra su ética en valores anotados en aquel texto primo:

No es participe de las ortodoxias de patriotismo, religión y de celebración (se mencionan sólo las más peligrosas), que se pretenden para una aceptación inconsciente por parte de la masa, con objeto de preservar su marasmo ideológico, ni apela a la alevosía de tomar una pluma para criticar, sin el sustento de una reflexión fundada y sí con el de las ortodoxias instituidas y la cobardía de sentirse respaldado por quienes las han adoptado, lo que va en contra de ellas o a lo innovador.

Así, en el antiperiodismo, situaciones como el crimen, el adulterio o el suicidio son tratados como lo que son: leyes regulares no periféricas que regulan sincrónicamente a la sociedad.

El antiperiodismo es una manera de significar la cultura de los medios escritos, al ir, en el contexto de la cultura, de la memoria al texto, cuestión desatendida parcialmente por el periodismo de hoy carente, en casos, de conocimiento histórico de sus materias, al adherirse a la tecnología promotora de una dinámica de la información de primera mano, y por lo tanto, sin cotejo, que agiliza las publicaciones. El antiperiodismo promueve la investigación minuciosa hurgando en la historia hasta en archivos de hemerotecas, porque entiende lo poco aceptado por el periodismo hoy, de que la historia comenzó algunos años antes que el internet y no con la introducción de éste.

Pese a atentar contra las ortodoxias establecidas, el antiperiodismo no asume otra alevosía del periodismo: el decir lo que su posición le indica; al antiperiodismo le es suficiente decir lo que ve y experimenta”.

Cuando se cumple la labor de reportero, el código de ética se complementa, y queda explicito, con los siguientes modos:

El antiperiodismo relata sólo eventos en los que estuvo presente. A los boletines acude cuando provienen de personas, físicas o morales, de credibilidad, y de no ser así, se da la fuente con la aclaración de que la información es referencia momentánea, en tanto se investiga.

Cubrir eventos no atendidos por ningún medio. De esta manera, se incluyen, aunque sea modestamente, en la memoria cultural de la ciudad, actividades despreciadas que son parte de dicha memoria.

Seguimiento a cada nota. Procura la actualización de cada información, aunque transcurran años para ello. No debe quedar todo en una primera nota, porque se procura no hacer rellenos, además de entender que la actividad de reportear es sólo un eslabón en una cadena que conforma lo antiperiodístico.
La figura de la información es el evento o el protagonista del mismo, cuando no ambos, nunca el funcionario. Por eso se evita nombrar presídiums y mesas de figura decorativas.
(Esta parte explica la falta de imágenes, porque no se trata de formar álbumes de personas).

De esta manera, pensando en un contexto de desarrollo en otros niveles, no solicita dinero a cambio de notas.

No se hacen preguntas ajenas al evento al que se acude.
El lenguaje no es en primera persona. Las construcciones gramaticales arquetípicas de la expresión personal están de sobra cuando se asume que el antiperiodismo es la expresión de uno solo.

Tender hacia la anulación del lenguaje redundante por el exceso de semas y sememas. Para evitarlo debe escribirse bajo los principios de una semántica estructural.
Confianza en el conocimiento de los lectores para no tener que dar explicaciones que prolonguen innecesariamente la transmisión de información. Las explicaciones son porque no caben expresiones que dejan significados abiertos; por ejemplo, se tienen que dar nombres.

La denuncia debe estar firmada físicamente, con copia de identificación oficial, aunque se conceda el anonimato. Esto pensando también en otros niveles.
No acudir a medios no impresos para el cotejo de información. El internet se utiliza para tener a la mano clasificaciones o calendarios de fútbol, si bien, Milton suele cargar los impresos, pero tenerlos en pantalla ofrece alguna agilidad.

El cruce y cotejo de información de otras materias permite el auxilio de internet sólo en busca de un dato olvidado, como puede ser un nombre o una fecha, porque para lo profundo se acude con las personas o fuentes de papel indicadas.
Las entrevistas no se hacen por mero gusto o ensayo, sino porque el personaje se inscribe en un apartado de la memoria cultural que lo hace nítido en ella.

No debe haber prioridad de fuentes y temas, porque esto corresponde al gusto personal.

 

En la ciudad que baña la homérica rosácea Aurora.
Invierno del 2013 de acuerdo a lo que los hombres llaman tiempo.

 

Manual de redacción.

Los criterios que se sintetizan ahora, no siempre tienen aplicación en este blog, si en su ‘matriz’ (cuyo nombre aparece bajo el título de este), en la que modos de estilo no se borran el pasar los textos desde el procesador. Por economía de tiempo, no siempre se hacen aquí.

Una parte básica del manual lee aquí.

El manual tiene la sola intención de exponer los criterios que se emplean en este blog. Durante muchos años, el periodismo moreliano ha anquilosado su lenguaje. La última preocupación de los medios ha sido el desarrollo del lenguaje hacia un estilo más certero y menos ortodoxo, no aprovechando las capacidades creativas de la lengua española.

Se escribe casi de manera invariable la misma nota. Cambian sólo los nombres y las fechas. Porque el trabajo de información así lo determina, mas no se contextualizan términos con mayor precisión y se descuidan el maquillaje y los textos.
Esto último sucede con los medios emergentes: las páginas o portales en los que las maneras de citar varían, y si algún arreglo se hace para resaltar o distinguir frases o palabras, la práctica de copiar y pegar o de escribir sobre el administrador o escritorio sin emplear la barra de herramientas, ofrece textos planos.

Pequeños detalles que no corresponden al menor descuido que se hace de los diseños visuales que es con lo que se pretende atraer, antes que con textos periodísticos, no de reporteada.

Antes que esas minucias, debe trabajarse con la inventiva del lenguaje. El empleo adecuado y coincidente delos dominios metafóricos y el acudir a las posibilidades de derivación y composición que ofrece el español para usar palabras que eviten el lugar común del anglicismo y el galicismo. De hecho, la nota reporteada suele ser un lugar común de eterna vigencia.

Ocupa un espacio amplio en este manual el caso de aquellos y otros extranjerismos. Aunque incorporados a la cotidianeidad del habla española, y algunos avalados y aprobados por la Academia, son expresiones que si, como afirman lingüistas, cumplen la función de otorgar a una lengua opciones de enriquecimiento, también le niegan las de tenerlo quizá más valioso como es el de la creación.

En el medio periodístico moreliano son comunes hasta la inconciencia términos como el “ok” “coffee break” o el “pull” de prensa o el “budget”. Sencillo resultaría decir el “transporte o el vehículo de medios”, el “adelanto”, y en el caso del “coffe break” se puede valorar su practicidad en vez de intentar la traducción literal o la búsqueda de equivalencia. Con expresiones como esta última, así, el extranjerismo brinda a una lengua practicidad. No se escribiría, por ejemplo, hotesse de l’air por azafata, pero una lengua debe siempre buscare el desarrollo de la lengua hacia expresiones que hagan realidad el préstamo, otra de las introducciones de enriquecimiento con los que cuenta.

Hay lingüistas que difieren de llamar préstamo a introducciones que se hacen a una lengua desde otras. Porque las palabras que una adopta no las devuelve. Mas cuando una lengua tiene en su propio vocabulario expresiones equivalentes o puede formarlas por derivación, se ve aquí conveniente evitar el extranjerismo, sin caer en el exceso de la formación de palabras.
Si este dirige a la divulgación del préstamo o al desuso en lengua ajena, no parece importar ahora.

El tema del contexto es para otro espacio destacado en el manual. Necesario es el conocimiento básico de la historia de la lengua para ubicar las palabras en su dimensión justa (no de forma tan maniaca como con azafata, cuya significación se resemantizó al desaparecer la ocupación que origino esa palabra). Apreciar los dominios metafóricos, sobre todo, que los aportan. Porque el lenguaje remite a dominios que pueden variar o afirmar el significado de una nota. Por eso es que desde el lenguaje deben los medios conformar la ideología que promueven; hacerlo mediante el lenguaje local, como lo hacen continuamente con extranjerismos provenientes de disciplinas técnica o tecnológicas, con las que cabe la ‘devolución’ si a “chatear” se le llama “charla”, si bien, aun cumpliendo la equivalencia literal, el término no dejaría ya de designar la práctica en el contexto de la computación.

Se llenan con el lenguaje metafórico de significaciones que no corresponden a los mensajes que quieren darse por medio de los voceros del gobierno que son aquellos medios. Se pide –y hasta se paga por ello- la difusión de un estado de paz. Pero las notas reporteadas de muchas fuentes, entre ellas las de mayor penetración, se nutren del dominio bélico debido a la falta de inventiva o inercia que genera emplear el lugar común con la inmediatez de la expresión.

No muestran los reporteros agilidad para recurrir a la palabra exacta o la que dé el significado deseado o solicitado. La política, se ve en análisis hechos aquí, configura sus discursos en base a metáforas de belicismo. En política se hacen estrategias, se ganan o se pierden posiciones, o se establecen luchas. A los concursos artísticos o científicos con los que se promueve el estado de paz, se les lama “certámenes”; igual a los de belleza o de elección de reinas. El fútbol, una de las promovidas sublimaciones de conflictos sociales, está sobrado de expresiones bélicas, pero es, como dijo Lázaro Carreter pocos años antes de fallecer, un campo fértil para la creatividad del español, siempre que se pulan sus expresiones hasta despojarlas de la estupidez.

La culminación del manual espera su hora sin interesar el tiempo que tome teclearlo y corregirlo. La intención queda en presentar algunos modos de estos blogs.

 

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